Cenas presidenciales
02-Dic 06:23 am|El Nacional
La fiesta está montada. Las bandas se disponen a interpretar los himnos de los 33 países miembros. Los pendones alusivos cuelgan de los faroles

Banderas de los diversos países que participan en la Celac | AVN
Hoy, 2 de diciembre, es día festivo. No trabajan los empleados públicos y se suspenden las clases. Celebran que (casi) todos los presidentes y jefes de gobierno de América Latina y el Caribe están en Caracas con motivo de la puesta en marcha de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.
La fiesta está montada. Las bandas se disponen a interpretar los himnos de los 33 países miembros. Los pendones alusivos cuelgan de los faroles. Los soldados están listos para rendir honores. Habrá abrazos y elogios mutuos entre los mandatarios. Y no faltará la foto de familia.
La nueva organización cumple con un viejo sueño de la región.
Por fin tendremos un lugar en el cual cooperar y dirimir disputas sin la tutela de los países poderosos. Por eso se excluyen a Estados Unidos y Canadá, cuyo peso específico en casos anteriores ha inhibido la libertad de acción y de expresión de las naciones débiles.
Son múltiples los intentos previos para lograr un foro en el cual se pueda conversar entre iguales para avanzar en la integración de nuestros pueblos, sin la interferencia de los grandes países.
La Aladi, el Mercado Común Centroamericano, el Pacto Andino, Caricom, Mercosur, en el área económica, y más recientemente, Contadora, el Grupo de los Ocho, el Grupo de Río, la Alba y Unasur, en el área política, son intentos en esa dirección. Pero todos han sido parciales en su composición o en sus objetivos.
Solo el Sela ha logrado agrupar a la mayoría de los países de la región. Del resto, todos han fracasado o se han debilitado. Debido a ello, la Celac quizás abriría una nueva ventana.
Corriendo el riesgo de que se nos califique de aguafiestas, habría que preguntarse ¿para qué? Porque a pesar de que se han preparado muy bien las ceremonias, aun no se nos ha dicho qué hará la Celac que la diferencie de la gastada retórica de los acuerdos antes mencionados.
Si llega a constituirse en una defensora de la democracia en la región, sea bienvenida. Si es vigilante del respeto a los derechos humanos, bendita sea. Pero nada menos que en el país anfitrión hay un gobierno que desconoce los principios básicos de la democracia y que ha destruido las instituciones. Es además, una nación que permanentemente viola los derechos humanos, como ha quedado demostrado en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.
Si la Celac logra superar las múltiples fracturas de los esquemas de integración económica sería una maravilla, porque el presidente Chávez se ha encargado de destruirlos y sacarnos de todos ellos.
Pero si se trata sólo de un saludo a la bandera, de una fiesta que celebra algo carente de contenido, si se limita a generar una cumbre más de las múltiples que según Sebastián Piñera conforman ya una cordillera con más picos que la de los Andes, el día festivo será una nueva pérdida de tiempo. Hasta ahora los jefes de Estado y de Gobierno no han dado señales de si seguirán una u otra dirección.