Engaños oficiales
26-Nov 06:21 am|
Quienes manejan las importaciones directas desde el Gobierno, sí ganan
millones estimulando la escasez y especulando con compras de alimentos
con sobreprecios

Los consumidores hacen colas para adquirir leche en polvo | Williams Marrero
Cada día el simple hecho de ir a comprar comida o artículos de limpieza para el hogar constituye un verdadero calvario. En todas partes reina la escasez, ya sea en repuestos para vehículos, medicinas, libros, jabones o aceite de comer, harina pan, azúcar y arroz, por apenas nombrar unos pocos productos de los tantos que han ido desapareciendo de los abastos y supermercados.
El Gobierno actúa como una auténtica partida de truhanes que, al verse descubiertos, acusan a otros para librarse de culpas. Desde la última devaluación, a los ministros se les dijo y se les aconsejó que debían flexibilizar los requisitos y mecanismos para la obtención de divisas destinados a los productos básicos para evitar, precisamente, lo que está ocurriendo.
Pues hicieron lo contrario y cargaron a Cadivi con más trámites, con la intención de colocarlo como el malo de la partida. Lo cierto es que basta con crear una base de datos que identifique a los grandes importadores por rubros, de los meses precisos en que surgen sus necesidades y clasificarlos en razón de la urgencia de traer los productos tomando en cuenta la mengua en los inventarios.
Un país que planifica sus importaciones con suficiente antelación no tiene por qué someter a los importadores a tantos requisitos ya que, se supone, el Estado cuenta con suficientes instrumentos y fuentes de información confiables que permiten calcular las necesidades de acuerdo con las tendencias de los últimos años.
Con la llegada del gobierno bolivariano al poder se actúa haciendo todo lo contrario: se crea real o artificialmente la crisis para luego decretar la situación de emergencia y acudir a comprar en los mercados internacionales a precios exorbitantes, pasando por alto cualquier control y ayudando, de paso, a que se formen (¿o uniformen?) en la alta burocracia las verdaderas fortunas que todos conocemos.
Para tapar la falta de planificación apelan a un discurso lleno de remiendos y zurcidos, de lo tan que viejo que está. Supuestos acaparadores y especuladores pasan a ser los grandes bandidos, fáciles de identificar por la masa popular. De paso refuerzan con la Guardia Nacional y con la milicia la idea de que la escasez se debe a una conspiración orquestada por el imperio.
Ahora bien ¿qué gana un acaparador almacenando decenas de paquetes de harina pan en la parte de atrás de su negocio si la creciente inflación le come día a día la ganancia extra? Se los puede vender a los buhoneros, que especulan vendiendo unos kilitos por aquí y por allá, pero nada del otro mundo. Pero el supuesto acaparador corre el riesgo de que algún consejo comunal le descubra el juego y le quite hasta los pantalones y lo arruine.
En cambio, quienes manejan las importaciones directas desde el Gobierno sí ganan millones estimulando la escasez y especulando con compras de alimentos con sobreprecios. Allí está el verdadero negocio sucio.