• Caracas (Venezuela)

Nicolás Litvinoff

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El sueño del voto electrónico implementado de una vez en todo el país se instala en la Argentina cada vez que hay elecciones nacionales y se reiteran las amenazas de fraude, escrutinios lentos o manipulación del sufragio.

El conteo de votos del próximo domingo en las PASO será lento, engorroso y lamentablemente habrá que armarse de mucha paciencia. La multiplicación de candidatos en algunos distritos y la extensión de las boletas hará que todo se torne más farragoso. El director Nacional Electoral, Alejandro Tullio adelantó a La Nación que no antes de las 22 se empezarán a ver los primeros resultados parciales de las elecciones. Y recién pasadas las 23.30 se podrán visualizar algunas tendencias, aunque no serán las definitivas.

No habrá recuento de votos rápido y ágil como ocurrió en la Ciudad de Buenos Aires o en Salta con la boleta electrónica simplemente porque ahora habrá comicios nacionales con voto manual. Ante este panorama de incertidumbre resurge el debate por la necesidad de contar con el voto electrónico en todo el país en lo inmediato.

"La Argentina no está lejos de tener boleta electrónica en todo el país. Hay un camino iniciado en Salta y en Capital Federal que seguirá en Chaco, en Neuquén y San Luis capital. Estas elecciones son el camino hacia la búsqueda de un modelo de modernización electoral que nos sirva a todos", se entusiasma Tullio. Posiblemente en diciembre próximo el director nacional electoral dejará el cargo en el que lleva 14 años, aunque piensa en que su sucesor seguirá con un proyecto a largo plazo: el de la instrumentación de una agencia federal electoral y la aplicación del voto electrónico en todo el país.

"Hay que seguir instando a las provincias para que instalen el voto electrónico porque la progresividad en su implementación es la condición fundamental para su instrumentación a nivel nacional", dijo Tullio. No obstante, el funcionario aclaró que el voto electrónico en sí mismo no será garantía alguna de transparencia si antes no existe un cambio cultural en la ciudadanía, una lógica de trabajo unificada en la Cámara Nacional Electoral y más ingenieros que abogados dispuestos a adaptarse a los nuevos tiempos. Además, se necesitará invertir mucho dinero para dar con este sueño ya que se requiere de un blindaje electrónico muy sofisticado que impida la intromisión de datos extraños en el momento de los comicios.

Actualmente sólo siete países tienen boleta electrónica para votar: Bélgica, Venezuela, Brasil, Estonia, India, Filipinas y algunos distritos de Estados Unidos.

No fue tarea sencilla en algunos de estos países instalar la boleta electrónica. A Brasil, por ejemplo, le llevó 20 años poner en todo el país las máquinas de votación. En Bélgica se discontinuó su aplicación en un 50% por fallas en el sistema. India y Estonia tuvieron que invertir mucho dinero en un software supuestamente infranqueable a los hackers. Estados Unidos aplicó en 2012 para las elecciones presidenciales el voto electrónico sólo para 39% de los votantes. Y en Venezuela o Filipinas se registraron muchas denuncias de fraude electrónico a la hora de votar.

Por todo ello, habría que derribar algunos mitos y creencias respecto a las soluciones mágicas que depara el voto electrónico para el desarrollo de las democracias en el mundo.

Por ejemplo, en 2009, tras varios pleitos judiciales la Corte Suprema de Alemania declaró inconstitucional la utilización de urnas electrónicas porque el sistema no permitía la fiscalización del proceso electoral por personas sin conocimientos técnicos.

Finlandia discontinuó en 2010 la votación electrónica luego de algunas pruebas que hicieron en 2006 y 2008. Holanda permitió el uso del voto electrónico desde 1965. Pero no siempre fue todo color de rosa y en 2006 hubo severos escándalos por fallas en la seguridad informática por lo que en 2008 el gobierno holandés anunció oficialmente que volvía a los sistemas electorales basados en papel.

En 2009 Irlanda suspendió la introducción del voto electrónico por el elevado costo económico que implicaba y porque la gente no confiaba demasiado en el sistema. Y algo similar ocurrió en 2008 en el Reino Unido.

Como se ve, ni en los países más adelantados o con legendarias democracias el voto electrónico resuelve los problemas de transparencia y eficacia. Para Román Jáuregui de la Asociación Civil Gobierno Abierto, "el voto electrónico es una herramienta que puede ayudar en un gobierno abierto, pero no es imprescindible para garantizar la transparencia como puede ser la instrumentación de un presupuesto abierto y más participativo para el ciudadano".

El voto electrónico transparentó las elecciones en muchos países y agilizó escrutinios. Pero sólo sirve si se aplica con responsabilidad. Actualmente existen unos 15 países que estudian la instrumentación parcial o plena del voto electrónico. La Argentina está entre ellos. Pero el camino no será sencillo y quizás aún haya que pasar por muchas noches largas de voto y escrutinio manual. Preferible la cautela antes que dar con recetas mágicas de las cuales luego tengamos que arrepentirnos.