• Caracas (Venezuela)

Nicolás Bianco

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Nicolás Bianco

El tsunami de Santiago

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Hace pocos días, en Santiago de Chile, el evento de la nueva entelequia latinoamericana denominada Celac indujo un tsunami existencial de enormes proporciones. No se trata de que el clon tardío de Judas Iscariote resultase elegido presidente de la recién instalada “corporación de corporaciones” ni aun que los “gobernantes bananeros” exhibieran lágrimas ante el otro presidente, el enfermo clandestino que reside en La Habana.

La trágica y cruda realidad que semeja a un tsunami es la “legitimación” que los líderes de la Unión Europea ofrecieron al grupo de gobiernos, actuales propietarios del “supermercado” de nuestra región, a cambio de contratos y convenios jugosos y duraderos.

Poco les importó que el conjunto de países entre el Yucatán mexicano y la Patagonia argentina se distinga por la agudización del legendario desastre socioeconómico que está constituido por más de 600 millones de empobrecidos pobladores de estas ricas tierras. Tampoco por constituir “la zona más asesina del planeta” (Naím, 2013) en virtud de que se cometieron 42% de todos los asesinatos mundiales en el año 2011. Debe recordarse que sólo somos el 8% de toda la población mundial.  

Nuestro enlutado país lidera con creces y proporcionalidad el horrendo primer lugar. 21.900 homicidios en 2012; 43.000 entre el 11 y el 12; 190.000 en un poco más de una década. Ante la masacre de Uribana, el certero diagnóstico de la ONU acerca de la culpabilidad del actual formato anticonstitucional que ostenta el poder en Venezuela ha debido inducir al menos alguna reflexión en el liderazgo europeo.

¿Significa esta angustiosa situación que todo está perdido? Por supuesto que no. La cruda realidad exige a la Venezuela democrática un nuevo impulso de unión y trabajo duro y sostenido. Nuestra lucha es hoy más solitaria que nunca. Nadie vendrá a ayudarnos. En cada país de Latinoamérica la situación es casi idéntica. Los que podemos, tenemos que ayudar a la inmensa mayoría de venezolanos que viven hoy el peor momento de su existencia.

A no dudar, las corporaciones de ilícitos son hoy el centro del poder en toda la región. No descansan. Reprimen, delinquen, difaman, mienten, corrompen, sin que se salve de sus tentáculos sector alguno, sea civil o militar.

El enfrentamiento entre nosotros, el oportunismo y la indiferencia son similarmente letales. Sin embargo, existen ilustraciones sólidas que apuntan a superar la desgracia actual, a la innovación y a victorias parciales.

Debemos entender que se pueden consolidar resultados concretos en medio de condiciones desesperantes. Los tenemos en gobernaciones, alcaldías, empresas y en nuestras universidades democráticas, públicas o privadas. Las academias, las iglesias, los militares institucionales y nuestros comunicadores sociales que enfrentan con coraje la autocensura, consolidan la fuerza y la resistencia que canaliza el esfuerzo integral de los venezolanos honorables y de buena voluntad.  

Contamos con grupos de ONG y observatorios que han cristalizado iniciativas extraordinarias. La denuncia específica y bien fundamentada es un arma poderosa. Varios expedientes se ventilan en las cortes internacionales. La imagen de nuestros parlamentarios enfrentando con mayor decisión la hostilidad y la violencia es promisoria. No desmayemos. Lo hemos enfatizado antes: resistir y prevalecer es la única opción.