• Caracas (Venezuela)

Nicolás Bianco

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Nicolás Bianco

La pérdida de la república

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Hemos insistido en la imprescindible necesidad de asumir la pérdida de la República y sus desastrosas consecuencias. La Constitución Nacional, la institucionalidad, los deberes y derechos de los conciudadanos y las estructuras fundamentales del Estado Venezolano han desaparecido. Un grupo reducido de militares y testaferros civiles, y la participación impune de extranjeros que diseñan y ejecutan los protocolos de destrucción mantienen en vilo y luto a casi 30 millones de habitantes.

Desde la Naciones Unidas y sus diversos grupos de expertos hasta el venezolano cuya precariedad y sufrimiento son extremos, han identificado el vasto fraude que en 16 años acabó con más de medio siglo de inmenso trabajo que invirtió la sociedad civil democrática y plural en construir la República de Venezuela independiente y soberana.

Más grave aún, y similarmente crítico de entender, es que enfrentamos una dictadura cuyas raíces son delictivas, ilícitas, que emplea con eficacia un supuesto terreno doctrinario y una expresión “socialista” que nunca existió pero que bien “vendida”, ha permitido engañar mientras empobrece, embrutece y entierra la oportunidad de desarrollo tanto individual como colectivo.

No es el actual un enfrentamiento político o de corrientes democráticas opuestas. El crimen, la tortura, el hambre, las enfermedades endémicas, la censura, el espionaje, los innumerables actos de lesa patria, el desfalco, ilustran la sinergia con regímenes similares en todo el mundo. Como suele ser categorizado por expertos en la materia social y geopolítica, Venezuela es un “Estado forajido”.

Intentar promover las metodologías y los abordajes populares y ortodoxos que se utilizan en países democráticos, que por algunas décadas se emplearon en nuestra nación para acabar con esta tragedia y reconquistar la democracia, el poder gubernamental y la lucha política, no solo es un error muy grave sino que contribuye a legitimar lo delictivo y a perpetuar el régimen tiránico.

Con muy escasas excepciones toda Latinoamérica padece de gobiernos supuestamente democráticos que provienen de innumerables elecciones fraudulentas, que ejercen la represión, el nepotismo, con un amplio prontuario de negocios ilícitos e integrantes del inagotable mercado de estupefacientes.

A pesar del intenso maquillaje de cifras y supuestos logros de innovación, desarrollo y avance social, más de 600 millones de pobladores de estas tierras están muy lejos de disfrutar de una vida de calidad, con garantía de paz y progreso, y de los beneficios de los extraordinarios avances que provee la sociedad de la información y el conocimiento. La diáspora en cada país es cada día más intensa. Venezuela lidera toda posible perversión social y económica y ha perdido su condición de República.  

Trasciende a estas realidades lo que hasta hace poco era un país dividido en dos partes. Hoy cerca de 80% de la población urge por un cambio radical. El sufrimiento social es profundo y extenso. La indignación es palpable en todos los estratos. Inexcusables son el silencio y la retórica vacía. Requerimos la renovación de los grupos políticos con otras estrategias. El trabajo de las ONG ha sido encomiable. No debe haber vacilaciones con esquiroles e infiltrados. La dictadura no conoce pausa. Hemos de recuperar y reconstruir la República.