• Caracas (Venezuela)

Nicolás Bianco

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Nicolás Bianco

El presidente ilegítimo

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En la noche del 14 de abril, luego del anuncio de los resultados de la elección presidencial, ocurrió un hecho de extraordinarias consecuencias. El rector Vicente Díaz permaneció en su silla mientras, aceleradamente, las cuatro rectoras lo dejaron solo. Por primera vez en las numerosas elecciones, Díaz le anunció al país su convencimiento de que ante la ínfima diferencia entre ambos candidatos era imprescindible completar la auditoría ciudadana electoral del 100% de los sufragios.

Un poco más de 14 millones de venezolanos nos quedamos en el sitio. El “infalible y perfecto sistema electoral” del CNE se hundió en segundos. Atrás quedaban las firmas planas, Carter y Jennifer, los nuevos circuitos electorales, el descomunal ventajismo y la corrupción de cada fraude comicial, la negativa de informar en el año 2007 la paliza que le propinó el pueblo venezolano al fiasco destructivo de la propuesta socialista chavista y, finalmente, la macabra utilización del cáncer de Chávez. La corporación del mal ya tenía a su candidato pegando gritos de victoria en el balcón de Miraflores. No pudieron controlarlo y aceptó la auditoría. Sólo para recular al día siguiente, mientras las 4 rectoras, las ruidosas focas de la Asamblea Nacional, la cúpula militar oficialista y los vividores del Alba se esmeraron por juramentar al candidato que estaba muy lejos de ser el legítimo ganador.

Por el contrario, el candidato de la Venezuela democrática anunció con firmeza, junto a su comando, el absoluto desconocimiento de esos resultados, denunció las miles de incidencias (irregularidades en el proceso comicial) y expresó su voluntad de defender voto a voto lo que en su corazón, así como en el de más de 50% de los venezolanos, representa una victoria electoral sólida y de indiscutible talante popular, e histórica.

En apenas 12 días, en medio, diríase, de un estado de sitio militar y civil, violento y sangriento, y del agravamiento del feroz sufrimiento social y económico, se va detallando con mayor precisión el megafraude electoral montado en conjunto con gobiernos cómplices, profusamente corruptos, que han socavado severamente en los años del oficialismo chavista la base de sustentación de la República.

Pero, esta vez, la resistencia y la honorabilidad del pueblo venezolano, incluidos sectores populares que votaron por el candidato de Chávez, esgrimen su derecho constitucional de exigirle al CNE la auditoría integral de una muestra suficiente de los sufragios.

La voz del papa Francisco, la OEA y su Carta Democrática, la Unión Europea, Canadá, Estados Unidos, México y hasta el comunicado de Unasur, así como influyentes medios escritos y audiovisuales internacionales y nacionales, las universidades autónomas y la inmensa mayoría de sus comunidades, las academias, el Episcopado, las redes sociales y las valientes ONG locales son sólidos respaldos a la resistencia civil del pueblo venezolano para solicitar la auditoría.

No puede reconocerse a ganador alguno hasta concretar la auditoría global acordada por un CNE cuyas rectoras han actuado ilegalmente al adelantar opiniones públicas de irreversibilidad de los resultados, bajo instrucciones locales y regionales.

Señor Maduro Moros: si usted no se somete a la auditoría integral del proceso comicial del 14 de abril, como lo exigen la ley y la inmensa mayoría de los venezolanos, usted no sólo es un presidente ilegítimo, sino nuevamente de facto. Estaría confirmando que el gobernador Capriles Radonski ganó las elecciones que usted pretende escamotear. Sus acciones tiránicas no bastarán. Somos millones. Que le quede claro.