• Caracas (Venezuela)

Nicmer Evans

Al instante

Tu renuncia

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Nicolás ¿qué significaría tu posible renuncia? Hay cuanto menos tres conjuntos de intereses en juego en un escenario como este. El primer conjunto de intereses gira en torno a una rápida sustitución de tu gobierno con el fin de acceder al poder y acabar con todo, absolutamente todo, sea bueno o malo, de lo construido en estos últimos 17 años.

En este primer escenario, tu renuncia no es ética, es forzada, y se impone a la fuerza, quizá no de manera clásica, pero sí respondiendo a intereses que nunca se transparentan en los términos del debate público.

El segundo conjunto de intereses giran en torno a la preservación de lo que queda o podría quedar del madurismo. Entendamos el madurismo, Nicolás, no como una doctrina o corriente, sino como una tendencia que permitiste que se fuese construyendo al rigor de lo que va quedando de la recta petrolera, que intenta sobrevivir y secuestrar el poder, ya no por un proyecto ideológico, sino por la repartición de la poca renta petrolera que va quedando. En este caso tu renuncia tampoco es ética, ya que termina siendo la exclusión de la cabeza para la preservación del cuerpo igualmente corroído.

El tercer conjunto de intereses giran en torno a la preservación de lo bueno de un proyecto político, hoy cuestionado por tus errores y la culpa de las catastróficas decisiones que has tomado, que han conducido a que tu gobierno se convierta en el gobierno más impopular de Venezuela después del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. En este caso la renuncia sería ética, es tu sacrificio, reconociendo que no has logrado cumplir con las expectativas de un pueblo que confió en ti porque su anterior líder se los pidió.

Lo lamentable de todo esto son dos cosas: la primera es que mientras todo esto se define, en casi su totalidad, por intereses distintos a los intereses de las mayorías, los ciudadanos somos los que estamos pagando minuto a minuto esta crisis que es hija de la indolencia gubernamental de quienes te acompañan. Lo segundo es que la preponderancia de los escenarios se inclinan hacia la renuncia como una acción alejada de lo ético, por una decisión y responsabilidad estrictamente tuya, Maduro.

Si tú renunciaras hoy, Maduro, antes de que los factores políticos y militares o el pueblo en referéndum te renuncien (actores que, excepto el último, no tienen la legitimidad para hacerlo), no solo darías un ejemplo de hidalguía que tanto requiere el proceso revolucionario y bolivariano hoy, sino que facilitarías la reconstitución de una fuerza aún viva y con deseos de resurgir. Cada minuto que ha pasado desde que fuiste candidato ha perdido cantidad de apoyo, que hoy trae como consecuencia que el único mejor escenario de tu gobierno es ver cómo ganas tiempo para poder sobrevivir unos meses más hasta que suceda el milagro, poco probable, de que suba el precio del barril de petróleo para así acallar el clamor popular a punta de realazo.

Lo dramático es que, con o sin referéndum, si pensamos de manera democrática y excluyendo el escenario de tu renuncia en sus distintas variantes, no será menos de cinco meses los que viviremos en una agudización del problema económico, ya que tu gobierno ha demostrado que no es capaz de resolver el problema que hoy vivimos todos, indiferentemente de la preferencia política que se tenga. Despolarizar el debate es urgente Maduro, para así encontrar soluciones en el marco del diálogo con propuestas, o veremos un infierno peor, como los de Dante en la Divina comedia.