• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Pedazos de opinión: adjetivos

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“Artículo 6. El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de las entidades políticas que la componen es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”. Constitución vigente de la República Bolivariana de Venezuela.

Abecedario del infamante: A de apátridas, arrastrados, analfabetas y alcahuetas. B de bandidos y burros. D de demonios y degenerados. E de escuálidos y estúpidos. F de fariseos. I de imbécil. L de lacayos. M de malditos y majunches. P de pelucones y payasos. V de vagabundos y vendepatrias. Y así.

Héctor, el de tremolante casco. Aquiles, el de los pies ligeros.

Los adjetivos son las arrugas del estilo, escribió Alejo Carpentier. Y añadió: Cuando se inscriben en la poesía, en la prosa, de modo natural, sin acudir al llamado de una costumbre, regresan a su universal depósito sin haber dejado mayores huellas en una página. Pero cuando se les hace volver a menudo, cuando se les confiere una importancia particular, cuando se les otorga dignidades y categorías, se hacen arrugas, arrugas que se ahondan cada vez más, hasta hacerse surcos anunciadores de decrepitud, para el estilo que los carga.

Las palabras están condenadas al ruido. Unas pocas rompen el silencio.

“Qué agarradora y fuerte y dominante es Venezuela”. Carta de Rómulo Betancourt a Virginia Betancourt. Enero de 1966.

Tiene la cola eléctrica, escribió Zbigniew Herbert de un gato negro.

Un nostálgico preguntó, en días recientes, por el bravo pueblo.

Quien infama se degrada: de teniente coronel a hombrecito desnudo.

“...Los ojos tiene redondos, grandes, muy abiertos, encendidos y espantosos, la barba como de cabra, el cuerpo y talle como entre hombre y cabrón, las manos y pies como de persona, mas de que son todos iguales, aguzados hacia las puntas con uñas rapantes y las manos corvas como de ave de rapiña y los pies como si fuesen de ganso”. Auto de fe de Logroño. Leandro Fernández de Moratín.

Josep Plá: La ignorancia de la izquierda es antediluviana.

Se amontonaban alrededor de la palabra “derecha”. La mordían. También la escupían. Se columpiaban en ella, satisfechos en su jaula.

La relación entre vaciamiento y adjetivo es inversamente proporcional.

Sánchez Ferlosio: “Entre las palabras ‘agrias’ y las palabras ‘venenosas’ se concibe la misma diferencia que media entre estos dos atributos figurados: las primeras ofenden por su solo sabor y las segundas dañan por su composición; el sabor se equipara con la fisonomía expresiva, y la composición química con el contenido semántico”.

Solo el espejo le dejaba satisfecho: veía no un hombre, sino un superlativo.

“Deprimidas, débiles, muertas, locas, tiradas, cansadas, dobladas, consumidas, frágiles, enfermas, agotadas, caídas, desmayadas, encogidas, desparramadas, drogadas, endebles, lánguidas, desfallecidas, empequeñecidas, abandonadas, idas, sufrientes, perturbadas, abatidas, derrotadas, blandas, patéticas, hundidas, pasmadas, atontadas, desoladas, infelices, desdichadas”. Denuncia Change.org: así presenta Vogue Magazine a las mujeres, en imágenes que promueven la moda.

Revocable: que se puede o se debe revocar. Real Academia de la Lengua.

La unión cívico-militar es “perfecta y sublime”. Dice un tuit del Ceofanb.

Desequilibrado: el que abunda en adjetivos para los demás y no encuentra ninguno para sí.

Churchill: Las palabras antiguas son las mejores, y las breves, las mejores de todas.

Como abejas en el panal, los adjetivos revolotean al sustantivo pueblo.

Ningún adjetivo se adelanta a la caída: cuando ocurre, todo en ella es inesperado. Los adjetivos deben aguardar por los hechos.

Marcar la diferencia, por muy sutil que ella sea: tal la responsabilidad del adjetivo.

Ciertos horrores vuelven impotentes a los adjetivos.

En su “Oda a Stalin”, Neruda escribió: Stalin es el mediodía.

Se titula “Presidente amigo”. Allí, William Osuna escribió: “No soy un poeta áulico”. Cierra el texto con esta tajante afirmación: Viviremos y venceremos. Entre signos de exclamación.

Dos afirmaciones. Una: fue un genocidio. Lo de los turcos contra el pueblo armenio. Dos: Causado por prejuicios “aberrantes”. Dijo el papa Francisco en Erevan, capital de Armenia.