• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

Al instante

Libros: Saul Bellow

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Miguel Ángel sostenía que los personajes que se proponía esculpir existían dentro de la gran piedra de mármol. Su trabajo consistía en cincelar con precisión, para que ellos surgieran a la luz. La misma idea parece guiar a Saul Bellow: a medida que excava, sus personajes adquieren contextura y profundidad y esa vocación por lo complejo que es inherente a la condición humana.

De lo mucho que puede decirse de su obra en este año centenario (nació en 1915), hay que recordar esto: creó una colección de personajes indestructibles. Posiblemente no hay en la historia de la gran literatura un autor que haya construido una galería como la que reúne a Augie March, Henderson, Herzog, Citrine, Sammler y otros. A sus 85 años, Bellow escribió la última de sus novelas dedicadas a personajes exorbitantes: Ravelstein (Segunda edición, Penguin Random House Mondadori, España, 2015).

Bellow circunvala. Va y vuelve a su personaje, bajo un método de sucesivas y diferentes aproximaciones. Lo que se escenifica es nada menos que la dificultad de narrar a un hombre, de construir un personaje. La lucha del escritor: lograr que el lector “vea”, que sienta al hombre y perciba al sujeto cosmopolita que es Ravelstein, un hombre, a su vez, conectado a lo constitutivo de los hechos y las cosas.

Voracidad: esa es la relación de Bellow con el siglo XX. Nada escapaba de su radar. La condición norteamericana y las tramas de ello con la modernidad, son la biología, el ADN de su obra. En la vastedad de ese marco, se propuso esto: contar el avance del pensamiento. Más que darle forma a una personalidad (como el Nathan Zuckerman de Philip Roth o el Seymour Levin de Bernard Malamud), más que armar una caracterología, Bellow narra los argumentos, las reacciones de la mente ante los hechos, las lógicas implícitas en el intercambio de dos hombres, de dos hombres muy inteligentes en el caso de Ravelstein. Dicho esto, puede entenderse que en sus novelas las ideas chocan, se conducen, ascienden o descienden ante la diversidad de circunstancias. Son sus ideas las que singularizan a un hombre (“Había que ser especialista en Ravelstein para seguir los movimientos de su cerebro”).

Esto escribe el narrador de Ravelstein, alter ego de Bellow: “Personalidades es un término mejor que ‘espíritus’, porque las personalidades se pueden afrontar mientras que contemplar los espíritus de cierta clase de individuos supone un horror que siempre es mejor evitar”. Su personaje es uno más de la saga que parecen actuar fuera del término medio. El narrador es aquí un biógrafo: alguien que, desde la cautela, puede contar la insatisfacción constante que es propia del desmesurado. Bajo esta perspectiva, solo los excesivos logran conocerse a sí mismos.