• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

Al instante

Libros: Renata Adler

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Un método: relámpago y extrañamiento. Más o menos esto: asomarse a la realidad en cualquier parte –un asomarse que provoca la sensación de lo indiscriminado–; activar la luz de un relámpago –luz que, siendo efímera, tiene la propiedad de sobreexponer–; hacer una fotografía mental de lo visto y experimentado –donde priva un gusto por lo improvisado, lo inesperado–; registrarlo, escribirlo –nunca demasiado cerca, nunca demasiado lejos–. Un arte narrativo de la distancia. De la observación. Como si el mundo adquiriese su sentido cuando Renata Adler lo observa y anota.

Lancha rápida (Editorial Sexto Piso, España, 2015) es una construcción. Sucesión de episodios que el personaje protagonista, una periodista (“normalmente soy una periodista de las que se quedan merodeando o más bien de las que se pegan a la gente”), los coloca uno tras otro, sin que ello implique algún mensaje oculto o moraleja que el lector deba buscar. Es una cadena de eventos de múltiple origen y dirección, que a menudo quedan suspendidos. Inconclusos. Dan cuenta del orgánico desorden de nuestro tiempo. Lancha rápida ha podido empezar de otro modo y crecer hasta hacerse insoportable. Hubiese podido tener 2.000 o 3.000 páginas, o interrumpir su acopio, pasadas las 200 páginas, tal como ocurrió.

Las variaciones de los registros de Adler son casi tantas como las piezas que componen Lancha rápida. Unas son como escuetos relatos de final aforístico (“Lewis, el barbero, desalentaba la conversación. A lo largo de los años, manteniendo una expresión distraída y negándose a contestar incluso las preguntas directas de sus clientes, se las arregló para imponer su silencio sobre ellos. Florian, que trabajaba en el sillón de al lado, hablaba por los codos e incluso cantaba en ocasiones. Hacía malabares con las toallas. Daba consejos. Danzaba en torno a las pequeñas llamas con las que chamuscaba los cortes de pelo de sus clientes. Que pudiera recordarse, Lewis solo mencionó a Florian una vez. –Algún día– dijo, lo mataré”). Otras, cortos narrativos que fijan datos o percepciones de costumbres, usos o mentalidades. Las hay que sintetizan lo ocurrido en un viaje o los que hablan de las historias de personas a quienes las cosas salieron torcidas, sin concesiones. A menudo, los hay que sacuden por su humor a contracorriente, por el modo como guiñan a la cultura, por la ironía con que desbanca los pensamientos comunes. Copio un texto que en el libro tiene 14 líneas:

“El camello, me había fijado, estaba pasando con gran dificultad a través del ojo de la aguja. El programa Apolo, la milla en cuatro minutos. Venus en Escorpio, récords humanos en la tierra y en el mar; estos habían sido acontecimientos de enorme importancia. Pero el camello, practicando en la penumbra durante casi dos mil años, estaba pasando a través de la aguja. Primero el morro aterciopelado, luego el resto. No muchos se dieron cuenta. Pero si el camello que iba en cabeza y luego quizás la caravana entera lo lograba, el hilo, el hilo vivo de camellos, existiría, no se perdería. Nadie podría perder el hilo. Las perspectivas de los ricos se potenciarían.

—Ortega nos cuenta que la esencia de la filosofía –estaba explicando el profesor a su clase de estudiantes de primer año, indiferentes– es comprender metáforas muertas”.

Una vez finalizada esta lectura, intento volcar en pocas palabras qué he sentido mientras leía: asombro inadvertido: Adler abre nuevos resquicios. Me quedo con la sospecha de que algo importante se me ha escabullido. Dos cosas más puedo añadir: lo primero, no guardaré este libro en las estanterías donde ordeno a los narradores. Tengo que encontrar un lugar para Renata Adler entre los ensayistas. Quizás su lugar sea muy cerca de Eliot Weinberger y Simon Leys (también del George Perec de La vida, instrucciones de uso). Lo otro: volveré a esta autora, del modo en que me parece apropiado, y que no se corresponde con la lógica de una novela: en las pausas entra una y otra cosa. Lo abriré en cualquier parte y ella me irradiará con su reveladora energía. Lancha rápida: libro que debe permanecer a mano. Entremés.