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Nelson Rivera

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Nelson Rivera

Libros: Raymond Murray Schafer (3/4)

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Transcurre la Edad Media en su camino hacia el mundo moderno. En aldeas y caminos se escuchan molinos y ruedas de agua donde se muelen los granos. El métrico golpeteo del herrero y su ayudante viaja a lo lejos. Murray Schafer (comento aquí El paisaje sonoro y la afinación del mundo, Editorial Intermedio, España, 2013), señala que ese sonido fue, hasta la Revolución Industrial, el más fuerte producido por la mano del hombre. La disponibilidad de materiales (madera, bambú, metal o piedra) determina la sonoridad. A finales del siglo XVII, algunas calles de Vancouver fueron pavimentadas con conchas de almeja. El sonido de los carruajes (las ruedas metálicas sobre los adoquines) es motivo de quejas en todas partes. Asociado al paso del carruaje, el chasquido del látigo, que Schopenhauer detestaba.

La aparición de la electricidad marca el final de la era romántica sino el advenimiento de la modernidad, es decir, de una nueva sonoridad. Se inicia la era de las máquinas. En las ciudades en crecimiento, se escucha el voceo del pregón que anuncia los productos y el jolgorio de las tabernas. El traqueteo del ferrocarril deja su marca en quienes lo escuchan (más adelante se expresará en la rítmica del jazz). Las calles se llenan de vendedores, buhoneros y charlatanes. El paisaje sonoro se congestiona. Se acumula una sobrepoblación de sonidos. Los inventos, pequeñas y grandes máquinas para diversos usos, emiten sus propios sonidos: de la máquina de coser al taladro, del torno mecánico a la máquina de escribir. La tecnología desplaza a los sonidos del campo.

La sonoridad de la Revolución Industrial es una forma de poder: la autoridad para emitir sonido sin mayores restricciones pasa del sacerdote al industrial. En 1832, en Inglaterra, aparecen las primeras denuncias de enfermedades y sorderas causadas por el ruido en las fábricas (el uso del decibelio como medida para determinar el nivel de presión acústica no se generalizó hasta 1928). Los motores de combustión interna ocupan una parte considerable del paisaje sonoro. El telégrafo sintetizó la tensión entre lo continuo y lo discontinuo. Generadores, extractores y aparatos de aire acondicionado causan el ruido continuo, una línea plana sonora. Los aviones supersónicos nos descubren el vínculo entre sonido y velocidad.

Las tecnologías introducen un cambio radical: los sonidos comienzan a grabarse y almacenarse. Murray Schaffer habla de la ezquizofonía como la capacidad de reproducir un sonido fuera de su contexto o separado de su fuente originadora. El espacio sonoro se convierte en móvil. La vida moderna tiene algo de ventriloquía. La radio se usa como instrumento del afán totalitario. El hilo musical aspira a la audioanalgesia.