• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Nelson Rivera

Libros: Peter Stamm

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Afirma la contraportada de A espaldas del lago (Editorial El Acantilado, España, 2014), que los diez relatos que contiene la edición, retratan “la vida contemporánea con humor y sensibilidad”. El enunciado apenas advierte al lector con lo que se encontrará: un puñado de depuradísimas historias cuya secreta conexión es la impotencia de la condición humana. Todas ocurren en los alrededores del lago Constanza, región donde nació Stamm (Weinfelden, 1963). El lago siempre está en las proximidades, pero no del modo simbólico, por ejemplo, que proyecta en Tres senderos hacia el lago, la novela de la austríaca Ingeborg Bachmann. El lago no es más que una referencia en el mapa mental de algunos personajes. Aquí, el quid no es geográfico sino relativo a la existencia misma: lo que se puede y no que no se puede: ese crujir, cada vez más inaudible, que ocurre en el alma del sujeto contemporáneo.

Hay una indagación en buena parte de los relatos del Stamm (no he leído al novelista) que, me parece, aquí se hace más honda: los límites, casi exasperantes, que adquiere la soledad de las personas en nuestro tiempo. Envuelto en su silencio, el solitario transcurre en sus obsesiones, sus derrotas e ilusiones (“Se había imaginado su vida de un modo diferente, y ese era el problema, no el sofá gastado ni el horno sucio”). Como si la soledad tuviese la propiedad de hacerse corpórea, de adherirse como una calcomanía a los objetos: imperceptible animalillo que deja su rastro en cada episodio de la existencia.

Lo que no se tiene: eso es lo que precede, la energía que irradia la vida del solitario, la estela que deja a lo largo de su camino. Aunque luzca como una entidad cerrada, protegida de la siniestralidad del mundo, avanza expuesto: nadie más proclive a lo inesperado, a la aparición imprevista, que el solitario. Me han hecho pensar estos relatos de Peter Stamm en la paradójica vecindad que hay entre la soledad y lo disruptivo. Como si un indescifrable magnetismo atrajera lo sorpresivo a la vida de los solitarios.

Escribí arriba la palabra impotencia. Ella engloba aquello que no se controla: el estallido interior que se transforma en hostilidad hacia los demás; la dificultad reiterada de nombrar la experiencia; el ancho mar de preguntas que cada sujeto lleva consigo y que no encuentra nunca respuesta; la confusión que hace indistinguible la búsqueda y la huida; el estado de la vida que se sintetiza en no-esperar-nada; la interrogante por la vida no vivida; la imposibilidad de los seres de separarse de las cosas que estaban supuestas de haber quedado atrás; esa sensación, cada vez más frecuente en nuestro tiempo, que ya no vivimos nuestra vida sino su resto: lo que queda de ella. La secuela del ser frustrado y diluido.