• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Nelson Rivera

Libros: Paul Auster

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Más que un libro de memorias prefiero escribir que estas memorias de Paul Auster contienen un sesgo: insisten en ofrecernos a un Auster, materia de un inagotable debate. Texto cuya belleza está hecha de punzadas, de maderamen azotado por el tiempo, de aguante ante las adversidades, de ocasionales maravillas que aparecen sin anuncio previo.

Auster habla de sí mismo en segunda persona: el escritor se increpa, se mira como quien mira a un antagonista. “El inventario de tus cicatrices, en particular las de la cara, que ves cada mañana al mirarte en el espejo del año cuando te peinas o vas a afeitarte. Rara vez piensas en ellas, pero cuando lo haces, entiendes que son marcas que deja la vida, que el surtido de líneas irregulares grabadas en la piel de tu rostro son letras del alfabeto secreto que narra la historia de quién eres, porque cada cicatriz es la huella de una herida curada, y cada herida era el resultado de una inesperada colisión con el mundo”.

Libro escrito en el rompiente, ese lugar donde la ola se estrella con la roca: el relato tiene momentos de plenitud y uno siente que Auster ha alcanzado a ser el hombre macerado por los años, que mira el espectáculo de su vida pasada desde la roca más alta. Pero las más de las veces, los recuerdos, escenas irreemplazables escritas por un enorme maestro de la literatura, tienen lugar en ese punto de choque donde un hombre de corazón anhelante reconoce la vida como la lucha con lo incorregible, como el trazo por el que cada quien avanza con sus magias y sus vergüenzas (Auster conducía; iba con su esposa y su hija en el automóvil; una furgoneta los embistió: un milagro les salvó la vida a los tres. Auster nunca más volvió a conducir: “Ese error de juicio continúa llenándote de vergüenza”).

No cabía esperar algo distinto: Diario de invierno (Editorial Anagrama, España, 2012) sobrepasa la dimensión del texto confesional (erraríamos el juicio si creyésemos que Auster “se confiesa” en estas páginas). La escritura es la caja de herramientas con que el escritor nacido en 1947 procede al desmontaje de las cubiertas que lo separan de la verdad (aquí, en secreta correspondencia con los textos en que ha indagado en la relación con su padre, Auster procede a un primer acercamiento a la figuración de su madre).

En páginas incomparables, Auster recapitula los 21 domicilios en los que ha vivido a lo largo de la vida. Y en ello está, otra vez, resaltado su genio: en la fluida arquitectura con que los avatares de lo corporal, los vaivenes de la subjetividad y las relaciones con los seres próximos (se podría decir que Diario de invierno es un repaso por sus seres imprescindibles) se han entrecruzado para sumarse y crear sentido a la vida de un señor llamado Paul Auster.