• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

Al instante

Nelson Rivera

Libros: Miguel Szinetar

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Quizás ha sido necesario el lento paso del tiempo, el transcurrir de años y años en los que se ha ocupado de sus otras escrituras (la poesía, el ensayo en el ámbito de las ciencias económicas y sociales, la experiencia estética y otras), para que Miguel Szinetar, caraqueño nacido en 1945, pudiese afrontar la prueba personal de escribir Expediente familiar, brevísima narración publicada por Ediciones Actual y la Dirección General de Cultura y Extensión de la Universidad de los Andes (Mérida, 2012).


Se lee Expediente familiar en unas horas, no sólo por la brevedad propia del libro, sino porque hay algo en él que reclama seguir sin interrupción hasta su cierre. La prosa decantada, que posiblemente fue sometida a una depuración profunda; la voz adolorida que se circunscribe a los hechos, sin rodeos ni efusiones; el uso recurrente de frases parcas, que remarcan el silencioso drama de lo que se cuenta: todo ello nos incita a una lectura concentrada, que va del comienzo al final, sin paréntesis alguno.


“Antes de que mi madre muriera, le pregunté sobre la vida y la muerte de mi padre. No fue mucho lo que me dijo. Ya estaba enferma. Se había iniciado en ella un agudo proceso de desintegración mental”. Así comienza la narración, que es el doble relato entrelazado, por una parte, del empeño de Miguel Szinetar por conocer la historia de su familia, que lo impulsó incluso a viajar a Europa a buscar información sobre la rama paterna (judíos que, en su mayoría, fueron aniquilados por la operación de aniquilamiento de los nazis), y por la otra, de los entresijos de la familia venezolana del autor.


En ese amplio marco, una figura imanta la atención del lector: el padre de Miguel Szinetar, Andrés Szinetar, un judío-húngaro que vino como exiliado a Venezuela, compleja personalidad en la que confluían el comerciante de escasa vocación y el militante del Partido Comunista, que terminó con su propia vida en mayo de 1955.


Escribir esta historia y compartirla exige coraje. Acercarse a los lugares donde ha merodeado la muerte, a pesar del miedo, supone una disposición a superar las propias fronteras. Salvar las muertes de su ocultamiento es un modo de liberarlas del aura oscura que las rodea. En cierto modo, Miguel Szinetar proyecta el dolor que su padre experimentó cuando supo del exterminio de su familia. En este mismo diario, en junio de 1947, Andrés Szinetar escribió: “En 1944, los alemanes ocuparon Hungría y empezó el terror de la Gestapo, la caza del hombre. Las cárceles se llenaron de socialistas, de judíos y de patriotas. Y el pueblo húngaro yació, sangriento y maltrecho, bajo las botas nazis. Los nazis llevaron más de 600.000 hombres, mujeres y niños a los hornos crematorios de Auschwitz, Mauthausen, Dachau y Buchenwald”