• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

Al instante

Nelson Rivera

Libros: Mason Currey

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Tres meses antes de iniciar La artista está presente (año 2010, MOMA) Marina Abramovic, figura planetaria del performance, comenzó a preparar su cuerpo para la experiencia que ella misma había creado: estaría siete horas sentada en una sala (los días viernes aumentaba a diez horas). Durante once semanas, el espectador que así lo quisiera podía sentarse frente a la artista, separada por una pequeña mesa, y mirarla a los ojos. Abramovic devolvía una mirada plena, última, como quien ofrece su alma a un ser próximo. Lo que Mason Currey cuenta en pocas líneas, es la disciplina a la que Abramovic se sometió para pasar tantas horas cada día sin ingerir agua y sin levantarse al baño.

Rituales cotidianos. Cómo trabajan los artistas (Turner Libros, España, 2014) es un fichero que describe los métodos que escritores, pintores, músicos, cineastas y otros practican para asegurar las condiciones en que cumplirán con su oficio. Una conclusión: una vez que han encontrado una rutina, los artistas la mantienen y la enriquecen. En el caso de los escritores, que son mayoría en estas páginas, predominan los matutinos (a Gunter Grass, que decía: “No creo en escribir de noche porque resulta demasiado fácil”, habría que preguntarle por Kafka). Están los que necesitan encerrarse e imponen un muro de silencio a su alrededor (como Thomas Mann). El caso de Jane Austen habla de una concentración capaz de resistir el run-run de lo cotidiano: vivía en una pequeña casa, rodeada de las mujeres de su familia y de tres sirvientas. Y allí, mientras las demás ejercían sus tareas domésticas, revisaba sus novelas y escribía otras.

Proust, Voltaire y Capote escribían en la cama. Unos cuantos se exigían alcanzar un número de palabras o de páginas al día (Skinner anotaba en un cuadro el número de palabras que había producido). Son numerosos los que salen a caminar, regresan y siguen creando. Joan Miró boxeaba, nadaba y corría. Gertrude Stein escribía solo 30 minutos al día. Hemingway y otros lo hacían de pie. Maugham se obligaba a mirar una pared blanca. Maya Angelou se ocultaba en hoteles modestos, carentes de todo atractivo. Joseph Heller escribía oyendo a Bach. Alexander Graham Bell apenas dormía: en ocasiones el cansancio le provocaba ataques de llanto. Glenn Gould metía sus manos en agua casi hirviendo.

El alcohol destaca en algunos casos, pero el rey indiscutido es el café. Pulula el uso de anfetaminas y otros medicamentos. La comida: unos evitan los excesos, mientras que otros, como Satie, no temía comerse una tortilla de 30 huevos. El lugar de trabajo es crucial, salvo para Agatha Christie: no tenía nada parecido a un escritorio. Colocaba su máquina de escribir en cualquier parte y comenzaba a teclear como si el resto del mundo no existiera.