• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Nelson Rivera

Libros: María Sol Pérez-Schael

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Aprovecharé para recordar al lector que María Sol Pérez-Schael es la autora de un ensayo medular para la comprensión de Venezuela: Petróleo, cultura y poder en Venezuela, publicado en 1993, y reconocido con el Premio Mariano Picón Salas, que el Consejo Nacional de la Cultura le otorgara, con fundamentada justicia, en 1994 (si el lector de este espacio no ha tenido la ocasión, le sugiero buscarlo y leerlo: con los años el ensayo de Pérez-Schael ilumina más: la profundidad de su visión hoy es más evidente). Además, Pérez-Schael ha publicado otros dos títulos: El excremento del diablo. La democracia venezolana y sus protagonistas: Betancourt, Caldera y Pérez (1996) y  Moral, normas y simbolización en la sociología de Emile Durkheim (2001).

Con estos antecedentes (cada lector es, a fin de cuentas, un animal de costumbres) leo Inocentes, novela que atrapa a lo largo de sus apretadas doscientas páginas. Para empezar: resiste la comodidad de las clasificaciones. La historia no se conforma con mantenerse en sus límites. Se desborda en varios sentidos. Lo que tiene de relato de acción, no se resguarda en lo mero trepidante: Inocentes tampoco se desembaraza de la fuente psicológica personal y del contexto en que los hechos adquieren su magnífica corporeidad. Texto y contexto se entrelazan y dan forma a un generoso cuerpo narrativo. Los elementos de novela negra o de lo que alguien ha llamado “ficción prototípica del siglo XXI” (para nombrar y agrupar las historias del terrorismo, el tráfico de drogas, el tráfico de órganos y de personas, las rutas de la corrupción y otros signos de nuestro tiempo) no la confinan a uno u otro género. Le añaden capas de posibilidades. Le suman argumentos, argumentos que enriquecen de referencias y texturas al relato.

Predominan la visualidad y la escenificación. A lo largo del recorrido subyace la disciplina del observador sensible. Destacan, por ejemplo, las escenas urbanas y el movimiento de los personajes en espacios cerrados. A contracorriente de la muy amplia tendencia presente en la narrativa venezolana, en la que una voz lo describe y lo cuenta todo, la vivacidad de Inocentes está determinada por los diálogos: es en ellos, sobre todo, donde Ana Cuoto y Matías Velázquez, los protagonistas, adquieren su potencia como personajes.

Vibra lo ficcional y vibra la realidad a la que esa invención remite. Inocentes es una novela cosida a nuestro tiempo y a muchos de nuestros pesares: sus corrientes, que parten de Venezuela, cruzan el Atlántico hasta las Islas Canarias y luego recalan en Nueva York, hablan de lo posible. Nos advierten. Palpitan en las peculiaridades de los inquietantes exilios de Cuoto y Velázquez: ambos, nuestros semejantes. Ambos, nuestras luces amarillas.