• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Libros: Margo Glantz

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Vida exacerbada, arrolladora, incesante. Objetos que parecen hablar con palabras bulliciosas. Colores que se levantan orgullosos y desafiantes a la mirada. Largas ristras donde los más diversos objetos expuestos se entrelazan y se disputan la atención del turista. Enumeraciones que exceden la capacidad retentiva del lector. Olores, muchos olores, a veces seductores, pero a veces causantes de incontenibles arcadas. Basura por todas partes. Palacios que son expresiones de un reino deslumbrante, rodeados de centenares o miles de seres empobrecidos y mendicantes: “Los puercos color carbón hozan en la basura color carbón, los leprosos desdentados y brazos o piernas vendados, los mosquitos, las ratas, los ricshos de todo tipo, el polvo, los cables de electricidad entreverados, los intricados árboles de ramas inverosímiles”.

La mirada de Margo Glantz es catastral: su memoria toma notas. Suma capas de datos. Ese levantamiento se congrega en lo material pero se expande hacia la dimensión de lo sensible. Su prosa tiene el poder de vivificar. Su objetivo no es enumerar sino traer a la superficie la vibración que aguarda en las cosas. “El mercado con su belleza intacta sigue oliendo a orines. Un momento de náusea y seguimos. Las mujeres se acomodan en el suelo sobre edredones blancos, revisan los saris que los vendedores acuclillados les muestran con paciencia y parsimonia. Es un ritual. Los zapatos se quedan en la puerta”.

Tras su tercer viaje a la India, en este último acompañada de su hija Alina López Cámara (en las últimas páginas se incluyen más de 50 fotografías de López Cámara cargadas de vitalidad y elocuencia), Margo Glantz recapitula sus experiencias en ese país. Le acompañan, además, sus lecturas de los grandes autores que escribieron obras a partir de sus viajes por India: E. M. Forster, V. S. Naipul, J. R. Ackerley, Pier-Paolo Pasolini, Agatha Christie, Octavio Paz y otros. A menudo recuerda a Mary Douglas (autora de un estudio primordial: “Pureza y peligro: un análisis de los conceptos de contaminación y tabú”) o, en cortas ráfagas, los recuerdos de otros viajes (Glantz se presenta a sí misma como “escritora y viajera”).

Glantz reconoce en sí misma la mirada del turista (“las cosas se ven desde arriba, con precaución, o más bien de lejos”). La viajera se hace preguntas, celebra el reconocimiento de lo distinto, no hace silencio con respecto a aquello que la perturba: “De todas las manifestaciones de respeto a la suciedad –pero también a la higiene–, la más asombrosa consiste en utilizar la bosta de las vacas como producto de limpieza”. Todo aquí se superpone. Ofuscación y deslumbramiento no se niegan: se suman, se vierten en gozosa escritura.