• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

Al instante

Libros: José Esteban

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

 

Novela-expediente. Narración que ensambla documentos de diverso origen, más los textos del propio autor. José Esteban (1935) conduce al lector por un caso de escándalo: El crimen de Mazarete. Historia (y consecuencias) de un error judicial (Ediciones Reino de Cordelia, España, 2016), que tuvo lugar en 1902. Tras la aparición de un cadáver con un disparo en el pecho, la concurrencia casi rocambolesca de falsedades, descaros y equívocos, derivaron en esto: acusar a dos inocentes por el supuesto asesinato, enjuiciarlos y condenarlos a la pena capital. Por si fuera poco: los señalados eran padre e hijo.

Cada pieza del expediente ordenado por Esteban habla y lo hace de forma elocuente: de qué estaba hecha la pobreza en una parte de la España rural en el amanecer del siglo XX; de cómo transcurría la convivencia diaria entre las personas sencillas en un pueblo siempre al borde la precariedad (Mazarete es un punto apenas visible en el mapa de la provincia de Guadalajara); del estatuto de indefensión que envolvía la vida de cualquier vecino que no estuviese conectado a los poderes unilaterales que gobernaban la vida cotidiana, sumida en una aparente tranquilidad.

Tres corrientes avanzan a lo largo de la novela. Una, la ya advertida: la de un proceso que pone a dos inocentes en el camino de una muerte por garrote vil (por más que me afano en incorporar el dato a mi comprensión, la cosa me resulta insoportable: el garrote vil estuvo vigente en España hasta 1978; se utilizó por última vez en 1974). Una segunda, sorprendente: la de la causa, asumida como un asunto propio por Tomás Maestre López, un experto forense empeñado en evitar que aquella injusticia en curso cumpliese su dictado final (Tomás Maestre López fue personalidad capitular en la historia de la medicina legal española).

La tercera, curiosa elección del autor, que establece un diálogo con Leonardo Sciacia (1921-1989), quizás el más reconocido ejecutante de la novela-expediente y, sobre esto cabría indagar, escritor que amplió los límites del género, redimensionó la posibilidad que el documento tiene en el relato, y que hizo de la práctica del montaje un arte que, sustraído de las prácticas forenses, adquiere en los usos literarios la condición de un revelador instrumento de excavación. Al incorporar a Sciacia a su novela, Esteban le rinde un homenaje, pero también actúa como re-elaborador de sus procedimientos.

¿Qué queda de este crimen de Mazarete? Un malestar, aun cuando se trate de un episodio de 1902. Y es que lo ocurrido no está lejos ni en el tiempo ni el espacio. El corporativismo tribunalicio que se extiende a límites inescrupulosos, las complicidades gremiales, la incompetencia crónica con que algunos funcionarios procesan hechos que pueden costar la vida a otros: tal el producto, la pregunta en el aire, la cuestión que esta narración ofrece a la inquietud del lector.