• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Nelson Rivera

Libros: Jean Echenoz

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Necesario excurso: En el extenso y documentadísimo ensayo que introduce la autobiografía de Nikola Tesla (Yo y la energía, Turner Ediciones, España, 2011), con pasión de coleccionista, Miguel Ángel Delgado hace el recuento de una paradoja: aunque el nombre de Nikola Tesla poco o nada dice a la mayoría de los lectores de nuestro tiempo, su obra, su influencia y su nombre aparecen y reaparecen en el cine, la música, el comic, las artes y las ciencias. Tesla es el nombre de la fórmula con que se mide un campo electromagnético, pero es también el nombre que se le ha dado a numerosos personajes de la ficción basados en el Nikola Tesla real, incomparable inventor nacido en la ciudad de Smiljan en 1917 (ahora Croacia), que murió en New York en 1943.


Narrar a Tesla supone una dificultad: dar cuenta de la ancha y profunda estela que son fruto de sus descubrimientos e invenciones. La síntesis que expone Delgado en su texto, titulado “Superhéroe Tesla”, es asombrosa. Que la electricidad se haya convertido en un componente irrenunciable de nuestra cotidianidad, se debe a este hombre. Que la electricidad pueda transmitirse de forma inalámbrica, también. Que hoy se disponga de la ‘luz fría’, en forma de iluminación fluorescente, otra más. Que el resultado de una de sus investigaciones haya sido nada menos que crear la capacidad de iluminar grandes ciudades y de enviar la electricidad a distancias de miles de kilómetros, hay que sumarlo. Que a su incalculable visión prospectiva se debe la invención de la radio, cuyas patentes le robaría Marconi hasta que el Tribunal Supremo de Estados Unidos le restituiría sus derechos en 1943, unos meses después de que Tesla hubiese fallecido. Y así, se podría continuar por páginas y páginas el recuento de sus asombrosos prodigios.

Relámpagos (Editorial Anagrama, España, 2012), se lee y se sonríe. No hay fricción ni aspereza alguna: uno se desliza por sus páginas como sostenido por una delicada alfombra de aire. Jean Echenoz convierte a Nikola Tesla en Gregor: lo reinventa y lo lleva territorio de la ficción. El hombre cuya mente funcionaba bajo el aliento de una indomesticable potencia electromagnética, aparece aquí como un personaje hiperbólico, dínamo inagotable de abultadas ideas, inofensivo y atrapado en sus pequeñas manías, embarcado en las aventuras que le procura su propio genio. Si Relámpagos es una delicia, lo es por ese Gregor de mente insaciable, que a menudo deja entrever su patetismo de fondo. Breves ráfagas de tristura, la soledad incorregible del hombre, su distancia del mundo: un divertimento, pero un divertimento que no desconoce la complejidad. Y más atrás todavía, todavía más al fondo, el autor que también sonríe de lo mucho que ha disfrutado de su delicioso artefacto narrativo.