• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Libros: Janet Malcolm

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Hay algo insaciable en Janet Malcolm (1934). Un deseo de conocimiento que no siempre puede ser colmado. Esa necesidad actúa: se evidencia en el modo en que aferra los temas con los que establece una relación. Más que investigar, succiona. Cubre el territorio: lo lee todo, entrevista a personas que pudiesen agregarle datos y puntos de vista, examina cada pista, visita los lugares. Regresa a los puntos donde ya estuvo. Su obra está hecha de esa insaciabilidad. Alcanzar una aproximación, la posibilidad de un criterio propio: de eso trata su voluntad, su machacona insistencia (los libros en los que desmonta algunos de los fundamentos del ejercicio del periodismo o del psicoanálisis; sus estudios de parejas, la de Gertrude Stein y Alice Toklas, o la de Sylvia Plath y Ted Hugues; o el laboratorio de análisis que es Ifigenia en Forrest Hill, que cuenta el juicio por un crimen; cada una de estas obras es el producto de la misma sed irresoluble).

“Cuarenta y un intentos fallidos”, el primer ensayo de esta recopilación, recoge una historia de años: los esfuerzos de Malcolm por penetrar en la psique, en las motivaciones profundas del pintor norteamericano David Salle. Los cuarenta y un intentos se refieren al número de fragmentos con que la autora estructuró su ensayo. Penetrar debajo de la piel. Ver lo que otros no han podido ni siquiera vislumbrar. Dejar atrás a la persona institucionalizada para descubrir a la persona-persona. Lo que pasma del ensayo sobre Salle es que testifica que a veces no es posible, y que hay herramientas, como el periodismo, que resultan inadecuadas: “El relajado género del periodismo personal no parecería el medio más idóneo para un hombre de temperamento seco, peculiar, distante e irritable de David Salle”.

La estructura fragmentada, el uso de ciertas repeticiones, la confesión de que “tras muchas entrevistas con él, tengo la sensación de que solo casi le conozco”, son pistas de la idea fundamental que subyace en este ensayo: la de la inteligencia impotente ante los subterfugios, las oscuridades, los lugares insondables que guarda la psique humana. Malcolm, cuyas dotes para la investigación le han sido reconocidas dentro y fuera de su país, nos dice: No siempre se puede, también la mente tiene límites.

Cuarenta y un intentos fallidos. Ensayos sobre escritores y artistas” (Editorial Debate, España, 2015) contiene 15 trabajos: desde miniaturas como las que dedica a William Shaw o a Joseph Mitchell, hasta indagaciones de extensión, como los desarrollos con los que aborda a Diane Arbus, Edward Weston, J. D. Salinger o a Edith Warthon. Por ejemplo: el titulado “Una casa propia”, su abultada revisión de cada variante, recoveco y biografía de los integrantes del llamado Círculo de Bloomsbury, le sirve para darle forma, textura y múltiples dimensiones a la humanidad de Vanessa Bell (hermana de Virginia Woolf). Malcolm busca debajo de la piel, somete a pruebas cada argumento, rastrea hasta dar con el cabo más revelador. Conocer, en su búsqueda, es indisoluble de descubrir. 

Se ha escrito, de forma cansina, que Malcolm es una maestra del perfil. Leyéndola, cabe preguntarse si el uso de esa palabra es pertinente. Perfil remite a contorno, a trazo nítido de una figura. Al contrario, donde Malcolm resulta notable, es en el claroscuro. En el terreno donde es dudoso deslindar las apariencias de las certidumbres, la especulación de la interpretación con anhelo de justicia. La crítica, las versiones o conclusiones opuestas, le funcionan como procedimientos de excavación: entre unas y otras, Malcolm encuentra las fisuras para adentrarse. Para apuntar su linterna hacia aquello que no vemos: los modos en que opera la percepción humana, la trama que explica nuestras motivaciones.