• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Libros: Jacobo Siruela

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Lugares de frontera: pensamientos que se internan en los límites, que ponen en entredicho las líneas que separan unas cosas de otras. Lo que comienza como indagación por los libros secretos, como, por ejemplo, el indescifrable manuscrito Voynich, avanza hacia la recapitulación de otros textos emblemáticos por intricados, oscuros o cargados de contenidos, desafíos que han puesto de cabeza a los interpretadores: por ejemplo, la novela Finnegans Wake de James Joyce; o el Mutus Liber, famoso y magnético libro publicado en 1677, integrado por 15 láminas grabadas con imágenes, casi desprovistas de textos, pero que en la número 14 contiene la frase imperativa: “Ora, lee, lee, lee, relee, trabaja y encontrarás”; o L’architecture naturelle, de Petrus Telemarianus, nombre bajo el que se escondía, tras varios ardides, la verdadera identidad del autor, y cuyo propósito era simplemente desmesurado: explicar cómo construir templos, edificios y casas atendiendo a las leyes de la naturaleza.

Jacobo Siruela toma al lector de la mano y lo guía por un mundo de “corrientes subterráneas”: saberes como la alquimia, el hermetismo, variantes del espiritismo, doctrinas que se tienen por secretas en tanto que han sido poco difundidas, la clarividencia, la teosofía, así como un prolijo ensayo biográfico sobre Valentine Penrose, autora de ese libro único que es La condesa sangrienta, dedicado a la vida excesiva de Erzsébet Báthory. Lo que podría presumirse como una seguidilla de ensayos sueltos resultan piezas de una trama que se va encadenando paulatinamente, tejido de conexiones apenas visibles.

Libros, secretos (Editorial Atalanta, España, 2015) incluye, como parte de esa urdimbre, tres piezas que, cada una en su específica vocación, atraviesan la cuestión entre lo racional y lo irracional. El primero, “El vampiro. Un mito moderno”, resulta un erudito recorrido que se remonta, desde distintas tradiciones de la Antigüedad, hasta nuestro tiempo: “A diferencia del fantasma, el vampiro tiene cuerpo y, lo más importante, es su propio cuerpo (...) Pertenece a  un estado intermedio entre la vida y la muerte: está muerto, pero todavía conserva su vitalidad gracias a la energía que le proporciona la sangre de los vivos”. De inmediato, también soportado en numerosas fuentes de estudio, otra sosegada pieza, esta vez dedicada al primer mito de la cultura escrita: La Epopeya de Gilgames (en otras traducciones se traduce esta palabra con una hache al final: Gilgamesh). Siruela, además de recapitular el relato, lo inserta en criterios que valoran el texto (por ejemplo, Gilgames guarda “la primera visión del Hades de la que se guarda noticia”). Un tercer ensayo, “La metáfora absoluta”, se inscribe en cuestiones decisivas como fantasía y realidad, racional e irracional, sueño y vigilia, la vivencia interior y la experiencia de lo exterior, lo real y lo aparente. El autor convoca múltiples advertencias para decirnos que esas líneas en las que tanto confiamos, a lo mejor no son firmes: “Nada más lejos de mi propósito que dramatizar esta cuestión. Sin embargo, oponerse a ella por principio, como puro acto de fe, tampoco resuelve nada. Al contrario, acrecienta y consolida la separación de los opuestos, cuando lo importante es aquí todo lo contrario: conciliar la oposición aparente entre el Yo y el mundo, restablecer la unión perdida entre mente y vida, cuerpo y espíritu, o sujeto y objeto, causada por el desarrollo de la consciencia humana en los últimos siglos, y desenredar el nudo de esa dicotomía”.

Tiene Libros, secretos ese pálpito de lo que se ama. Es la primera vez que leo a Jacobo Siruela. Esta secuencia de ensayos acumula una peculiar sensación: es la escritura cuidada, despojada de apuros, de quien escribe de sus viejos amores. Sus páginas respiran, advierten contra ciertos determinismos, invitan a explorar caminos del conocimiento y del espíritu, que algunos apenas hemos recorrido. Más que convencer, Siruela quiere persuadir, abrir alguna posibilidad (un lector mejor dotado para lo visual, comentaría en extenso la riqueza visual que se acopia en este libro, cargado de fascinantes y sugestivas imágenes).