• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Nelson Rivera

Libros: Graziano Gasparini

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Un método que puede ser rastreado en su obra: el de escuchar al documento. Por documento ha de entenderse todo aquello que, desde su visión de arquitecto, fotógrafo, pintor e investigador, pueda arrojar información o conocimiento sobre nuestras vidas: muros, arquitectura de tierra cruda, monumentos, templos, marcos de pinturas, retablos, colores, calles, trazados urbanos, haciendas, fortificaciones. Próximo a cumplir 91 años, Graziano Gasparini (1924, Italia) acaba de publicar El plano fundacional de Caracas. La lectura del plano de Juan Pimentel (Fundavag Ediciones, Caracas, 2015), rigurosa exposición derivada de la misma práctica, en este caso, la de escuchar-lo-que-dice el plano que Juan Pimentel hizo de Caracas, en 1578.

De todo se vale Gasparini en este libro: de sus capacidades analíticas, de su enorme conocimiento de la materia, de su refinado talento para argumentar, de su acumulado sentido común: los temas que su investigación afronta son cuestiones que, por siglos, han ocupado y confrontado a investigadores de distintas disciplinas: el primero, necesario como contexto de su asunto central, relativo a los datos principales de la fundación de Caracas; el segundo, el estudio del mencionado plano de Juan Pimentel, que aporta un importante cuerpo de conclusiones, fundamentales para la comprensión del pensamiento y los significados contenidos en las ordenanzas de Felipe II de 1573, que se emitieron cuando en Hispanoamérica ya se habían fundado más de 250 asentamientos urbanos.

Lo que la investigación de Gasparini arroja es sorprendente: a pesar de los enormes cambios que ha experimentado la ciudad, más de cuatro siglos después, su damero inicial sigue estando allí. Diego de Losada le encargó a Diego de Henares la responsabilidad: “Trazar un futuro centro urbano planificado sobre el terreno no es cosa tan sencilla como algunos suponen. No se trata únicamente de ‘fijar unos horcones en la tierra’. Al tener clara la idea de la traza ortogonal hay que trasladarla al terreno, y eso solo lo puede hacer alguien con cierto conocimiento en marcar ángulos de 90 grados y mantener el paralelismo de las calles y dimensiones de las manzanas. Una tarea que no estaba a la altura de Losada quien, por eso mismo, tuvo que acudir al único de los 136 hombres de la empresa que tenía algún conocimiento de geometría. El encargo recayó en Diego de Henares que vino a ser el ‘jumétrico’ de la fundación”.

Gasparini señala que el lugar escogido era adecuado: ubicado entre las quebradas de Caroata y Catuche, disponía de agua potable suficiente. El plano, además de las 25 manzanas, señala la división de cada manzana en 4 solares, lo que estableció, desde un primer momento, el objetivo de repartir los terrenos para que estos fueran ocupados y habitados.

Además de un capítulo dedicado a las ordenanzas de Felipe II, Gasparini cierra su libro con uno dedicado a las “Iglesias exentas en Venezuela”, que hizo posible la construcción de templos e iglesias en espacios que no colindaban con ninguna otra edificación.