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Nelson Rivera

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Nelson Rivera

Libros: Gesualdo Bufalino

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Mucho antes de que publicase La perorata del apestado (tenía 61 años en ese momento), Gesualdo Bufalino (1920-1996) era conocido entre algunos escritores italianos como un lector excepcional de la literatura europea y propietario de una biblioteca llena de maravillas. La leyenda afirma que habría sido la insistencia de Leonardo Sciascia la que habría vencido sus escrúpulos, y le habría convencido de entregar a una casa editorial la novela que le produjo amplio reconocimiento. A partir del radiante debut, Bufalino comenzó a publicar como narrador y poeta.

Museo de sombras (Editorial Aldus, México, 2009) es una sucesión de recuerdos, conformado por más de 200 viñetas, evocadores textos de unas pocas líneas cada uno, en los que Bufalino “regresa” a Comiso, pequeña localidad en la parte sureste de Sicilia, donde nació y vivió buena parte de su infancia. Han pasado décadas. Es mucho lo que ha olvidado. La materia de sus piezas breves es lo que queda, lo que no ha sido borrado del todo por el transcurrir del tiempo. El tono alegórico no oculta esa sensación, entre el asombro y el dolor, de abrir los baúles de la propia memoria. Lo dice en el texto que la edición incluye a modo de prólogo: Museo de sombras tiene algo de reconciliación. Cada pieza es un pequeño renacer, aunque su conjunto no alcance a componer una totalidad, sino una tonalidad, un desvaído perfume de la infancia apenas vislumbrada. Las primeras palabras son inequívocas: “Hace años, no sé ya bien cuando...”.

Bufalino organizó las viñetas en seis secciones, como si se tratase de una arqueología de sí mismo. Las copiaré aquí, porque ello dará al lector de este comentario una clara idea del espíritu que signa Museo de sombras: Oficios perdidos; Lugares de una vez; Antiguas locuciones ilustradas; Lemas y proverbios negros (donde hay expresiones de la mafia que proclaman una lógica de la muerte casi ilimitada: “Todavía no está muerta quien deberá llorar a su muerto”); Pequeñas estampas de los años treinta, y Rostros lejanos.

Una poética de lo evanescente: allí se asienta la fugaz belleza de estos breves atisbos. Bufalino no se propone obligar a sus recuerdos. No les impone nitidez. Los recoge con sus titubeos y sus límites difuminados. Acumuladas, estas viñetas dan cuenta de una cultura sentimental, que sería propia de Sicilia. “¿Se sienten alegres? Llamen al médico. ¿Se sienten felices? Están listos para la camisa de fuerza. Paradojas similares de ordinaria desolación se dicen en un puñado de sílabas en torno del sentido y del sinsentido de vivir, más ciertas que toda una enciclopedia; no sé si existen otro tanto de estas frases, sarcásticas y dolorosas, en la biblioteca oral de un pueblo que no sea el siciliano”.