• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

Al instante

Libros: Fabio Morabito

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Secuencia de 84 piezas, todas de la misma extensión (palabra más, palabra menos). Pueden ser leídas de forma autónoma: cada una contiene su propio sentido. Cada una enuncia, toma cuerpo y cierra. Y pueden ser leídas como lo que son: partes de un articulación, evidente y secreta a un mismo tiempo. Elementos de un tejido, donde memoria y ficción, ensayo y manifiesto, anécdota y literatura, encuentran su grácil convivencia. Se leen sin tropiezo. Bajo el encantamiento de lo cristalino. Quizás sean el fruto de incesantes horas de trabajo. Disciplina de Fabio Morabito (1955) para perfeccionar cada texto. Para llevarlos a un admirable punto de fluidez (una de sus piezas trata de la fluidez de la escritura).

El idioma materno (Editorial Sexto Piso, México, 2014) tiene algo de confesión, de exposición de motivos: su asunto, su trama, es la relación de Morabito con su condición de escritor. La memoria opera aquí como una herramienta que le conduce a reconocer las fuentes, los orígenes de su vocación. El madrugador habla de su hábito: “Ser testigo de las primeras ventanas encendidas me hacía sentir un centinela y creo que a la larga determinó mi inclinación por la escritura, a juzgar por el hecho de que siempre escribo en esta hora de patrullaje sigiloso, mientras los demás duermen”.

Morabito, escritor de origen italiano que a la edad de 15 años se instaló en México, y que escribe en español, indaga y despliega su mapa de relaciones: cuenta episodios de su formación como escritor (en el texto titulado “Gregorio Samsa” Morabito sugiere que el tema profundo de La metamorfosis de Kafka, es la conversión de alguien en escritor); se aproxima a esa zona frágil que es la relación de cada quien, y la suya en particular, con las palabras (“la vida está hecha de nombres propios”); deslinda entre el pulso de la poesía y el de la prosa; vuelve, en más de una ocasión, a la cuestión del poliglotismo; reivindica el valor que tiene el malentendido (“Todo malentendido es el germen de otro idioma”), el hijo del medio que desarrolla una visión más compleja que las correspondientes de sus hermanos, mayor y menor, o la experiencia de la humillación (“la humillación es un secreto reconocimiento del otro”).

Esta construcción de un Morabito de nombre propio (El idioma materno es un ejercicio de personalización) no se limita al escritor, sino también al lector. Varias de sus piezas son breves ensayos sobre autores como Kafka y Dovstoievski, sobre personajes como Don Juan o Pulgarcito, variaciones (juegos de ficción) sobre Homero y los griegos. Un libro en el que el autor se ofrece al lector como persona. Que al tiempo que exhibe un inmenso control sobre su escritura, comenta con el lector el titubeo y el mar de dudas que subyacen en su actividad de escritor.