• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Libros: Ernst Jünger

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El teniente Sturm anticipa a Ernst Jünger. Publicada en 1923, el escritor tenía entonces 28 años. Digo que lo anticipa porque en esta breve narración ya se ventilan algunos de los asuntos que serán parte primordial del elenco temático literatura de Jünger.

Se presenta en forma de novela (categoría que podría ser sometida a la revisión crítica de los expertos) una decena de cortas escenas que tienen lugar en el frente de batalla de Flandes, en la Primera Guerra Mundial. Sturm (que es una evidente proyección del mismísimo Jünger convertido en personaje de ficción) tiene dos amigos, con los que se reúne a conversar, cuando "el suave atardecer ablanda los ánimos".

Se reúnen en un sótano que Sturm ha encontrado y ha hecho suyo, una especie de refugio para la palabra sosegada y para las cosas que tienen importancia. Hay libros y otros objetos que hablan de la persona que vivía allí antes de huir, pero también de las predilecciones del teniente Sturm: es en ese ambiente, una fantasía incrustada en medio de la atrocidad de la guerra, donde el protagonista lee fragmentos de la novela que está escribiendo a sus colegas de armas.

Jünger, que en sus años adolescentes se había adherido a unos grupos que rendían culto a la naturaleza y practicaban disciplinadas formas de excursionismo, muestra su conexión vital, su conocimiento y sus irreducibles dotes de observador del universo natural en que transcurren los combates. Pero estas delicadas recapitulaciones del paisaje, así como las tertulias (tertulias que aspiran a elevarse más allá de la ordinariez de los días), no son sino el marco o la puerta de entrada a la cuestión central del relato: el impacto de la guerra en la condición humana, el hondo abismo que abre entre los soldados, el combate redimensionado, no limitado a un órgano sino a la totalidad del Estado.

Sturm se pregunta por la transformación. "¿Qué fue lo que le ocurrió a él, al hombre de libros y cafés literarios, al intelectual de rostro nervioso?". Una tarde calurosa, la pradera en silencio: Sturm lleva una hora tendido, la mirada obsesiva y sin interrupciones, puesta en la línea enemiga. En algún momento, una sombra fugaz cruza en algún punto de la visión. El soldado extiende su rifle y acomoda su ojo en el visor. Cuando la sombra vuelve a moverse, Sturm acciona el gatillo. "Sí, se había convertido en alguien muy distinto, distinto no solo en lo que hacía sino también –y eso era lo fundamental– en lo que sentía. Porque si ni por un instante había sentido arrepentimiento sino más bien satisfacción, eso apuntaba a una conciencia que había sufrido un profundo cambio. Y lo mismo ocurría a un sinnúmero de hombres que se arrastraban silenciosamente por la inmensidad de los frentes". El teniente Sturm: Editorial Tusquets, España, 2014.