• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Libros: Enzo Traverso

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Un mapa de la cuestión que se remonta al caso Dreyfuss e incluso más atrás: se mencionan, por ejemplo, la defensa que Voltaire hizo de Jean Calas y la campaña de Cesare Beccaria en contra de la pena de muerte en pleno siglo XVIII, y así, etapa por etapa, regresa hasta nuestro tiempo, a comentar brevemente la figura del experto, que ha remplazado al intelectual que, en su momento, encarnaron Zola, Mann, Bloch, Camus, Adorno, Said y otros. Leo ¿Qué fue de los intelectuales?, de Enzo Traverso (Siglo XXI Editores, Argentina, 2014).

Recorrido a paso de trote: se trata de la entrevista que Régis Meyran le hizo a Traverso en 2013. Con el cambio de la sociedad, cambia el carácter del intelectual. Con agilidad sorprendente, Traverso analiza algunos de los factores que hicieron posible la aparición del intelectual, en un mercado que tenía un impulso emancipador y, también, las condiciones específicas de este fenómeno en tres países: Francia, Alemania e Italia.

Las grandes etapas y hechos de la historia sirven aquí para establecer algunas caracterologías: la reacción de los intelectuales a la Gran Guerra y las tendencias nacionalistas; el período de entreguerras; el debate fascismo y antifascismo que fue primordial durante la Segunda Guerra Mundial; la partición de aguas, en lo político y lo ideológico a partir de 1945; el desencanto extendido entre los intelectuales izquierdistas como reacción al Gulag y a la invasión de Hungría en 1956; y así, hasta alcanzar nuestros días, con el surgimiento de propuestas como las de Hans Jonás sobre la cuestión de la responsabilidad o la Habermas, que se sintetiza en la idea de la esfera pública.

Dice Traverso: “Según el historiador de las ideas Norberto Bobbio, todas las definiciones del intelectual oscilan entre dos polos: de un lado, la visión platónica del sabio que debe mezclarse en política para asumir el poder, el ‘filósofo rey’ en la ciudad ideal; del otro lado, el intelectual como simple consejero, el filósofo de la corte que pone su saber al servicio del príncipe, en la época del despotismo ilustrado. Este esquema descriptivo me parece útil. (…) Sin embargo, entre las dos, hay una tercera: el intelectual como crítico del poder”.

El de hoy, ya no es el “intelectual específico” que anunciaba Foucault. Es una variante: el experto mediático, que no ejerce la crítica del poder establecido. Es una figura incubada ante los micrófonos y bajo las luces de los estudios de televisión. Alguien que razona como un técnico gubernamental. Y que, bajo su aparente neutralidad técnica, sirve como propagandista o agente legitimador del orden político vigente. Alguien que ha interiorizado la derrota y que actúa bajo los paradigmas de rentabilidad (de las editoriales, por ejemplo).