• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Nelson Rivera

Libros: David Malouf

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Antes de comenzar a leer me he preguntado si algo hubiese podido fallar en la previsión de Rescate (Libros del Asteroide, España, 2012). Al terminar de leer, mi pregunta apenas ha variado de registro: todavía especulo si una recreación del canto XXIV de la Ilíada ha podido naufragar por cualquiera de los excesos que la acechan (literalidad, redundancia, sacralización, desapego, suplantación, pomposidad, simulación, aplanamiento, etcétera).

No cabe aquí hablar de experimentación sino de ejercicio realizado sobre terreno conocido. Antes de que el escritor australiano David Malouf publicara esta narración (en inglés) en el año 2009, Alessandro Baricco, en 2004, había publicado Homero. Ilíada, ambicioso ejercicio de recreación, pero en este caso de la Ilíada completa. Los resultados del libro de Baricco son magistrales: tras eliminar las secuencias en las que los dioses intervienen, la narración es reinventada al límite de su intensidad: la ofensa, el llanto, el golpe certero con el que un guerrero acaba con la vida de otro guerrero, las grandes palabras, todo ocurre bajo la respiración inquietante y grandiosa de lo épico. Baricco asume una posición estética hacia la Ilíada (un modo de ejercer un control sobre el texto que admira), y es desde esa posición (la del creador que vence el relato que lo hechiza) que crea un programa de reescritura que hace posible repensar a Homero desde lo escueto y lo fulminante.

El canto XXIV, con que cierra la Ilíada, es lo inmaculado y lo sobrecogedor. En los manuales escolares se habla de él con palabras como piedad, reconciliación, humanidad, compasión. Trata, en su momento más álgido, de la escena en que Príamo se arrodilla ante Aquiles y le suplica que le devuelva el cadáver de Héctor, su hijo, asesinado y mancillado por Aquiles. Príamo apela al recuerdo del padre de Aquiles. Y en ese instante, lo que sólo cabe designar con la palabra milagro, Aquiles llora al recordar a su padre, mientras Príamo llora al recordar a su hijo. Algo de la condición humana es reconocido allí como un privilegio.

David Malouf (1934), autor de una obra que incluye novelas, ensayos, dos libros de poesía, obras de teatro y libretos de ópera, no alcanza a sobreponerse a Homero. Le añade atmósfera, agrega algún gesto que potencia los sentidos, suma detalles en algunas escenas que en el original son perturbadoramente escuetas. Diré que no menoscaba la belleza, por momentos inasible, de lo que se narra. Nada posterga, nada olvida. Pero a la postre, una sensación de relleno, de adorno y accesorio, de modales y reverencias, disputa el friso de la narración. Malouf no toca el alma del relato. No se atreve, tal como hizo Baricco. Optó por el menú de lo que no podía fallar.