• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Nelson Rivera

Libros: Byung-Chul Han

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De la sociedad inmunológica, de la sociedad que reacciona ante aquello que le resulta extraño, hemos pasado a la sociedad de violencia neuronal. Las patologías virales o bacteriales son desplazadas por enfermedades neuronales como la depresión, la hiperactividad, el trastorno límite de la personalidad, el síndrome de desgaste de la personalidad y muchas otras. A los males que generaban los otros le han seguido lo infartos, las saturaciones de orden neuronal. A la negatividad producida por la otredad (que el paradigma de la otredad sea objeto de análisis es expresión de que asistimos a su hundimiento) le han seguido los impactos de la positividad.

Lo que Byung-Chul Han sostiene, pensador coreano formado en Alemania, es que hemos ingresado en un tiempo cuyas patologías no provienen de una dialéctica de la negatividad, sino del exceso de positividad (“la violencia parte no sólo de la negatividad, sino también de la positividad, no únicamente de otro o lo extraño, sino también de lo idéntico”), que resulta de la superproducción, el superrendimiento o la supercomunicación. No se trata ya de la repulsa inmunológica, sino de la abreacción digestivo-neuronal que adopta las formas del agotamiento, la fatiga y la asfixia ante la sobreabundancia. Las patologías o las violencias de positividad no privan sino que saturan. La violencia neuronal no se origina en la presencia negativa de un elemento extraño, sino de una condición sistémica, inmanente, propia de nuestro modo de vivir.

La época disciplinaria (época de prohibiciones) ha quedado atrás y sobre su impulso se ha instalado una sociedad de rendimientos, es decir, de metas, proyectos e iniciativas que han reemplazado a la ley. Del no-todo-es-posible hemos pasado al nada-es-imposible. “La positividad del poder es más eficiente que la negatividad del deber”. Maximizar la producción (hacer de la vida un ejercicio de productividad en todos los planos de la existencia) ha adquirido la condición de inconsciente social.

En La sociedad del cansancio (Editorial Herder, España, 2012), el imperativo y su centro patológico es el rendimiento, el sujeto trabajador que se explota a sí mismo, que por sí mismo ha escogido ser verdugo y víctima. “Libertad paradójica” la llama Han, puesto que en ella coinciden libertad y coacción. El individuo depresivo, el que se reprocha a sí mismo, el que ha perdido los beneficios de la vida contemplativa, son el resultado del fenómeno del acoso laboral (la exigencia de más y más resultados a como dé lugar), que es ahora la nueva pandemia que acosa al mundo. Pero este cansancio tiene consecuencias: convierte al ser humano en una máquina de rendimiento autista porque destruye las energías para la cercanía, la comunidad y hasta para el uso del lenguaje.