• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Libros: Billie Holiday

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Billie Holiday nació hace 100 años en un barrio de Filadelfia. Faltan las palabras para repetir aquí la precariedad, los abusos, las dificultades que padeció, especialmente hasta su adolescencia. Cuando Billie nació su madre tenía 13 años. El padre, 17: pronto desaparecería, para reaparecer muchos años después, cuando su hija ya estaba en el camino de convertirse en una estrella del jazz. Eran negros y pobrísimos en tiempos en los que la discriminación racial humillaba y asfixiaba.

Con la ayuda del pianista William Dufty, Billie Holiday escribió sus memorias en 1955 (tenía 40 años en ese momento). Cuando murió, 4 años después, doblegada por el alcohol y las drogas, su aspecto era el de una persona que había cruzado los 60 años, mucho tiempo atrás. Lady Sing the Blues. Memorias (Editorial Tusquets, España, 1988) no pide compasión ni ofrece tregua: cuenta, con imperturbable distanciamiento, el hambre, los trabajos miserables, las golpizas recurrentes de una tía, el tiempo en que se dedicó a la prostitución, los períodos que pasó en cárceles, su ir y venir con policías y tribunales. Libro doloroso, incluso cuando habla de los tiempos en que su voz hizo que las cosas cambiaran en su vida.

Como todo en Billie Holiday: desde que circuló, sus memorias han sido objeto de controversias. Se ha dicho que contiene una visión muy negativa de su propia vida; que no narró episodios fundamentales de sus éxitos como intérprete de jazz; que no rinde tributo a grandes figuras que compartieron la escena y que contribuyeron a potenciar su trayectoria profesional (salvo Lester Young); que hay hechos que no ocurrieron como ella los cuenta o que están distorsionados, confundidos con otros. Muchas de estas aseveraciones deben tener algún fundamento. Lo que cabe preguntarse es si tiene sentido interrogar a Billie Holiday por la falta de rigor con que ordenó (¿ordenó?) sus recuerdos.

Lo que su voz narra (la voz de un alma rota) se proyecta en el libro, pero de otro modo: el desgarro de su vida de padecimientos se ha secado. La Billie Holiday que habla en el libro no se ha curado, pero algo en ella parece estar más allá del dolor. Nunca logró estabilidad emocional ni económica. Ganaba dinero y lo perdía. Los hombres que tuvo la expoliaron (a menudo fueron sus agentes). En más de una oportunidad logró desengancharse de las drogas, nunca por mucho tiempo. La obra que dejó sobrecoge. No deja intacto a quien la escucha, porque es inevitable que uno se pregunte por su propio dolor. Copio aquí un fragmento del texto que Leroy Jones le dedicó a Billie Holiday: “En el momento en que ella dejaba de cantar, quedabas desvalido. Cuando cantaba, escuchabas y te prometías cualquier cosa”.