• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

Al instante

Libros: Alejandro Zambra

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Compro el libro de Zambra dominado por un impulso: la idea de una seguidilla de ejercicios narrativos, inventados a partir de una prueba de aptitud académica que se aplicó en Chile por más de treinta años, me atrapa. Presupongo: Facsímil debe ser una demostración de ingenio. Comienzo a leer con ánimo distendido. El cambio ocurre en la primera página. El juego es más que eso: es el modo de desplegar ante el lector una serie de asuntos de peso: cosas que importan, cosas ante las que no es posible permanecer indiferentes.

Ejercicio a ejercicio, Facsímil tiende una atmósfera: la ineludible presencia de la dictadura de Augusto Pinochet. Siempre está allí: como recuerdo, como inevitabilidad, como fantasmagoría. Como si Zambra dijera: La opresión sigue allí, aunque haya mutado o disfrazado (la estela plomiza de las dictaduras tarda mucho tiempo en reducirse; una dictadura nunca es biodegradable).

Sobre ese fondo, las “pruebas” con las que Zambra (1975, Chile) nos emplaza a los lectores: ejercicios dirigidos no solo al pensamiento, sino también a los recuerdos, a las sensaciones que ciertas palabras como junta, resistencia o silencio, desatan con solo ser mencionadas. A medida que se avanza en el libro, cambia el carácter de los ejercicios: la complexión de las preguntas crece, ellas interrogan de un modo en que no-es-posible-dar-cualquier-respuesta.

Son muchos los flancos que podrían comentarse de Facsímil (su condición de obra inclasificable; las variaciones que introduce en cada una de las secciones que nos sugieren una posibilidad de reflexión: los juegos dentro del juego; la indagación en el parafraseo como género; los usos –son como raptos– de la lengua coloquial chilena; etcétera). Pondré mi linterna en la cuestión que más me interesó: el de una literatura que es portadora de un específico peso: preocupación por la verdad (verdad entendida como una voluntad de comprensión). En las opciones de respuesta que se proponen, quizás está su secreto: lo absurdo, lo obvio, lo vulgar, lo inmediato, lo risible, lo innecesario y otras variantes, para que el lector pueda elegir, sonreír y pensar.

Aquí juego no es charlatanería (charlatán: sujeto a quien no le importa ni la verdad ni la mentira). Lo lúdico, el contraste que genera, nos coloca ante la interrogante de la responsabilidad. No para juzgar, mucho menos para condenar, sino para activar el pensamiento en relación con hechos terribles –en este caso una dictadura–, que afectaron a personas, familias, comunidades enteras. Facsímil (Editorial Sexto piso, España, 2015) reubica al lector y le propone ejercer la responsabilidad de pensar. Los juegos distancian: nos colocan en un lugar más adecuado para poner en acción nuestras facultades críticas. Zambra nos pone en movimiento.