• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

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Nelson Rivera

Libros: Anatole Broyard

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Un médico que sea portador de un estilo, de una magia. Que sea como un Virgilio, que guíe al paciente por el purgatorio o el infierno. Un médico que se pregunte si es posible curar a un paciente sin saber nada de su alma. Que participe en la lucha por desplazar el sentimiento de enfermedad impuesta por el de enfermedad ganada. Que acompañe al enfermo en la reconciliación con su propio cuerpo, en especial, si en algún momento ha sentido asco por sí mismo. Que privilegie al paciente sobre el tratamiento. “También me gustaría un médico que disfrutase de veras de mí. Quiero constituir para él un buen relato, darle algo de mi arte a cambio del suyo”.

Escribe Oliver Sacks, en el prólogo: “Aporta fuerza, claridad, ingenio, urgencia, intensidad de sentimiento por los poderes metafóricos y poéticos de la enfermedad, todo lo cual los hace equiparables a lo mejor que se haya escrito sobre esta cuestión desde Tolstoi a Susan Sontag. Nunca he visto un escrito sobre la enfermedad que sea más directo, más franco: a nada se le resta importancia, no rehúye nada, nada se pasa por alto, no se da a nada un trato sentimentaloide, ni se apiada gratuitamente de nada”. Leo Ebrio de enfermedad y otros escritos de la vida y la muerte (Ediciones La uÑaRoTa, España, 2013), de Anatole Broyard.

Anatole Broyard (1920-1990) fue crítico de The New York Times, director de The New York Times Boook Review, ensayista y narrador. Era un veinteañero cuando su padre, un carpintero que trabajaba en construcción, enfermó de un cáncer que lo mató en poco tiempo. Entonces Broyard escribió Lo que dijo la citoscopia, texto magistral que se incluye en Ebrio de enfermedad, en el que sin miramientos excava en la memoria y en los hechos con una facultad reveladora, digna de un Philip Roth.

A este hombre que lleva consigo esa experiencia (la de acompañar al padre en su declive y muerte), que ha escrito textos como La literatura de la muerte, le diagnosticaron en agosto de 1989 un cáncer de próstata, ya ramificado a otras partes de su cuerpo. Durante los últimos meses toma notas. Pero sobre todo escribe “Ebrio de enfermedad”, ensayo forjado con la tinta llameante, con el magma (uso la palabra magma porque es una escritura que parece surgir desde adentro, indetenible), de quien se hace dueño del paso irreversible de su enfermedad.

Dotado de una lucidez que parece ver más allá y más adentro en la enfermedad, Broyard afronta el aquí y ahora, pero también la pregunta del cuánto tiempo de vida tiene por delante. En su exploración se detiene en asuntos quizás inéditos, como la relación de la mente crítica con la enfermedad. No hay gratuidad en los elogios de Sacks. Broyard hace patente en estas páginas memorables, que la gran literatura guarda lazos indisolubles con la vida.