• Caracas (Venezuela)

Nelson Rivera

Al instante

Nelson Rivera

Libros: Cees Nooteboom  

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Lo que le hace tan subyugante no es, al menos no de forma exclusiva, su polivalente capacidad de observación: Nooteboom a menudo detiene su mirada en el punto esquivo de las cosas. Las suyas son anotaciones sobre el tempo de los objetos o los lugares (esta frase suya podría adoptarse como una poética: “También en este lugar el tiempo necesita afirmar algo”). Al leer estas Cartas a Poseidón (Ediciones Siruela, España, 2013), caigo redondo en esta idea: toda su literatura de viajes es una literatura del tiempo que, como el universo, no cesa de expandirse. Sus viajes transcurren. Cada lugar es un tiempo que Nooteboom hace suyo. Hay en sus libros una indagación sobre lo vano contra el telón de fondo del largo tiempo. La potencia o impotencia de las pequeñas cosas.

Con “hacer suyo” quiero decir: se apropia. Pero no es una apropiación hecha con la mirada. Hay una totalidad en juego. Nooteboom se sumerge: observa desde el cuerpo. No sólo con los cinco sentidos sino también con otros. Como si cierta animalidad le exaltara la posibilidad de entrever, de escuchar, de sentir las apariciones que tienen lugar más allá de lo inmediato. Nooteboom escucha el eco, registra el lugar donde hubo una huella, entiende la secreta conformación de las cosas. Cada lugar de su periplo cambia el orden de los sentidos. Aquí la disposición a tocar, allá el acto de tomar aire con los pulmones abiertos, más allá la virtud de la escucha: el cuerpo como la primera fuente de la escritura de viajes.

Imploraciones que son como breves actas de la fragilidad humana, preguntas que no aspiran al privilegio de la respuesta, especulaciones sobre las inexplicables relaciones del hombre con los dioses: entre la sucesión de cartas dirigidas a Poseidón, Nooteboom intercala textos breves de sus experiencias de viaje, como si le dijera al dios que, aunque el hombre le interrogue, puesto que no espera respuesta alguna (si hubiesen respuestas a las preguntas últimas no habría buenos libros), continúa su recorrido por el mundo (sin desafiarlo, el escritor le recuerda a Poseidón que los dioses deben su inmortalidad a los poetas).

La idea cierta y manida de que se viaja para descubrirse a sí mismo, aquí se redimensiona hacia más amplias búsquedas: Nooteboom viaja para individualizar cada lugar y cada experiencia. Para descubrir su tempo peculiar. Para intentar cruzar más del primer campo visible del mundo que nos rodea. También, creo, para probar una hipótesis que es como una red capilar presente en buena parte de su obra: que están por revelarse los conductos y espíritus que conectan unas cosas con otras. Que son los escritores, todavía, los designados para darle alguna forma nueva y cargada de sentido a la experiencia de conocer lo que nos rodea.