• Caracas (Venezuela)

Natalia Brandler

Al instante

Las mujeres venezolanas en la lucha por la democracia

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La historia muestra que las mujeres venezolanas han asumido, a la par de los hombres, el liderazgo de la lucha contra las dictaduras, y han demostrado capacidad organizativa y de consenso para unirse aún siendo de distintas ideologías y clases sociales, con el propósito de lograr objetivos comunes. A pesar de ello, una vez comenzados los procesos de transición democrática, los líderes políticos las apartaron de los puestos de decisión y las circunscribieron a seguir las líneas partidistas dictadas por ellos.  Las democracias resultantes han favorecido el progreso de los hombres, pero no han logrado superar las brechas económicas, sociales, culturales, políticas e institucionales que sufren las mujeres y que impiden su empoderamiento.

Las mujeres jugaron un papel importante en la lucha clandestina contra la dictadura de Pérez Jiménez. Organizadas al interior de los partidos Acción Democrática y el Partido Comunista, en agrupaciones de mujeres como la Unión de Muchachas Venezolanas y la Agrupación Cultural Femenina, realizaron un valiente trabajo político en la clandestinidad, apoyaron a los presos, organizaron a las de la clase media y de los barrios, y sufrieron por igual persecución, cárcel y exilio.

Después de 1958 demostraron su gran capacidad organizativa, de convocatoria y de unidad. Desarrollaron estrategias de colaboración entre mujeres profesionales, académicas, mujeres de partidos, líderes de los barrios y sindicalistas, de distintas clases sociales y distintas ideologías. Colaboraron en la reconstrucción de los partidos, hicieron propuestas para la construcción de la democracia. Sin embargo, fueron relegadas a posiciones secundarias por los partidos políticos o simplemente excluidas de la toma de decisiones. Les tomó varios años volver a organizarse fuera y dentro de los partidos en torno a agendas propias para lograr importantes reformas como la del Código Civil en 1982, que mejoró los derechos de la mujer dentro de la familia.

A la llegada de Hugo Chávez a la Presidencia, la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente de 2000 motivó la organización de las mujeres de distintas tendencias de la izquierda y se logró presionar a los representantes para que aceptaran incorporar en la nueva Constitución el principio de igualdad y no discriminación de género, el reconocimiento de los derechos de las mujeres como derechos humanos universales y la obligación del Estado de tomar medidas para lograr la igualdad efectiva, entre otros. Después de unas primeras medidas, que fueron bien acogidas como la creación del Instituto Nacional de la Mujer, la oficina de Defensoría de la Mujer, o el Banco de Desarrollo de la Mujer, muy pronto se hizo clara la intención de Chávez de utilizar estos organismo para promover su proyecto político personalista y hegemónico. Para ello contó con el apoyo de mujeres chavistas que aceptaron doblegarse ante un líder militar y traicionar los ideales de autonomía y empoderamiento del movimiento feminista. La promesa de la democracia participativa fue el anzuelo que Chávez utilizó para organizar las comunidades populares y, en particular, a las mujeres con el fin último de ponerlas a trabajar a favor de sus “batallas electorales”, un término militar que en sí mismo denotaba el tono militarista del proyecto chavista. Una vez aprobada en 2006 la Ley de Consejos Comunales, las mujeres hicieron el trabajo de organización en los barrios y en las urbanizaciones y encabezaron la mayoría de las vocerías. Animadas por la promesa de recibir fondos para solucionar los enormes problemas de infraestructura de sus barrios y de sus viviendas, de la basura, del acceso al agua y a la electricidad, cansadas del olvido y la indiferencia de los poderes locales y de los partidos tradicionales, miles de mujeres de los sectores populares trabajaron hasta altas horas de la noche y les robaron el tiempo a sus horas de sueño porque también trabajan y tienen una doble jornada al ocuparse del hogar y la familia, para elaborar proyectos con la esperanza de recibir el financiamiento prometido. Mientras se organizaban y recogían información sobre los miembros del Consejo Comunal, sin estar necesariamente conscientes de la manipulación, proporcionaban al MVR primero y luego al PSUV la organización que necesitaban para cada convocatoria electoral. Así que durante las campañas electorales esas mujeres trabajaron aún más duro y cuando los comisarios políticos del PSUV les pidieron que excluyeran a las “enemigas del proceso”, también lo hicieron. La gran esperanza de la democracia participativa no fue sino un gran engaño con fines electorales que tuvo como base fundamental el trabajo voluntario y gratuito de las mujeres de los sectores populares.

La lucha contra el proyecto totalitario chavista también ha tenido valientes mujeres. Ya en el año 2001 las mujeres de las clases medias estuvieron a la cabeza de las primeras manifestaciones contra el decreto 1011, que buscaba imponer la ideologización política en las escuelas, bajo la consigna: “con mis hijos no te metas” . También salieron a marchar en las protestas de 2002 y 2003, recogieron firmas para el revocatorio de 2004, en su mayoría mujeres que no tenían formación política previa, pero estaban dispuestas a luchar por la recuperación de la democracia. Una mujer, María Corina Machado, tuvo la valentía de enfrentar al déspota desde su curul de la Asamblea Nacional y sufrió la más abyecta violencia política. Más recientemente son las esposas de los presos políticos las que, con tenacidad y sin experiencia política, han abierto los ojos al mundo sobre la terrible situación de los derechos humanos en Venezuela, pero una vez más, apenas se asoma la posibilidad de una transición democrática, los hombres acaparan el poder. Como ejemplo vemos que ninguna mujer preside las comisiones en la Asamblea Nacional.

¿Cuál es el modelo de Estado que propone la MUD? La democracia paritaria es un modelo de organización del Estado, basado en el cumplimiento de los derechos humanos y de la igualdad entre los géneros. Estos dos componentes son esenciales para que todos los demás elementos de una democracia funcionen. Las mujeres venezolanas han demostrado que tienen la capacidad de organización, que están dispuestas a trabajar por el bien común y por defender una idea de país, que son articuladas, que logran consensos y estarán dispuestas a luchar por la reconstrucción del Estado y del país, si el modelo que se les ofrece es inclusivo, si se les garantiza instituciones que las defiendan cuando se violan sus derechos, su ciudadanía, su integridad física, su seguridad, si les permite participar plenamente en posiciones de dirección y desarrollar plenamente sus capacidades.

En las luchas democráticas las mujeres venezolanas han jugado hombro a hombro un papel activo con los hombres, pero a la hora de las elecciones y de la selección de ministros han sido marginadas. Las diputadas elegidas el 6-D, aún siendo minoría, tienen una oportunidad histórica de establecer alianzas con mujeres y hombres dirigentes de las organizaciones políticas, de los sindicatos, de las universidades para lograr que el modelo de país que se plantee para una transición democrática sea un proyecto de democracia paritaria. En las organizaciones del movimiento feminista hay mujeres con amplios conocimientos de las regulaciones internacionales en materia de derechos humanos de las mujeres y una enorme experiencia en los pasos que hay que dar para lograr una democracia donde estas puedan beneficiarse del desarrollo económico, social y cultural del país. Cualquier proceso de transición, cualquier esfuerzo por salvar el Estado de Derecho en Venezuela debe incluir mujeres en posiciones de ministras y en las candidaturas electorales. Necesitamos los mejores líderes que podamos encontrar para sacar el país adelante y muchos de esos líderes son mujeres.

nataliabrandler@gmail.com