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Los zorros viven a sus anchas en Londres

Zorros en Londres / AFP

Zorros en Londres / AFP

Con un sinfín de parques y casas con jardín, Londres es un paraíso para los zorros, que la escogieron como hábitat en los años 30, cuando la ciudad empezó a robarles su territorio

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Para algunos son una plaga o un peligro, pero muchos aprecian el inconfundible toque agreste que los cerca de 10.000 zorros que pululan por los parques y calles de Londres le dan a la capital.

Es casi imposible que los 8 millones de habitantes del primer centro financiero mundial no se crucen con frecuencia con un raposo. En una encuesta reciente, el 70% de los interrogados indicó haber visto uno durante la semana precedente.

Sus detractores se ofuscan por las molestias que ocasionan esos vecinos, que por las noches remueven la tierra de los jardines, destrozan las bolsas de basura, dejan por doquier sus excrementos y pueden transmitir enfermedades (aunque no la rabia, erradicada de Gran Bretaña).

Los medios dan además mucho eco a historias de niños atacados, en algunos casos en sus cunas, por esos cánidos, asociados en la imaginación popular a la astucia y la mentira. Pero los defensores de los animales aseguran que se trata de exageraciones, cuando no de historias puramente inventadas.

"Tuve ganas de agarrar mi carabina de aire comprimido y deshacerme de él", declaró en junio el truculento alcalde de Londres, Boris Johnson, después de que su gato fuera mordido presuntamente por un zorro. "Si la gente quiere juntarse y salir de caza por Islington (un barrio londinense), yo voy con ellos", agregó al defender, con tono de broma, la legalización de la caza de zorros, prohibida en Inglaterra desde 2005.

La frase avivó por enésima vez el debate sobre los "zorros urbanos", que según la Universidad de Bristol (oeste), pueden sumar 33.000 en Gran Bretaña, un tercio de ellos en la capital. Otros 250.000 viven en el campo.

"Es un animal que se adapta muy fácilmente, que come de todo", explica Calie Rydings, de RSPCA, la sociedad británica protectora de animales.

Londres, con un sinfín de parques y casas con jardín, es un paraíso para los zorros, que la escogieron como hábitat en los años 30, cuando la ciudad empezó a robarles su territorio.

La convivencia con los humanos es bastante buena. Según un sondeo, al 86% de la gente le gusta este animal. Otro estudio cifró en un 10% el número de londinenses que le da "de comer regularmente".

Pero "a pesar de su densidad récord, los zorros son la causa de un número extremadamente pequeño de problemas y a la gran mayoría de la gente le gusta observarlos en su jardín", señala Stephen Harris, de la Universidad de Bristol.

¿Qué pasa entonces con esos bebés atacados que de vez en cuando son noticia? En 2010, una madre de familia de Londres dijo haber tenido una "pesadilla despierta" tras haber encontrado a sus gemelas de nueve meses cubiertas de sangre en su habitación.

El último caso se remonta a febrero, cuando un bebé de cuatro semanas fue encontrado con un dedo arrancado, lo que ya había provocado la cólera del alcalde de Londres.

"Hemos registrado tres 'ataques' de zorros en los últimos once años", relativiza Trevor Williams, director de The Fox Project, dedicado a la protección de estos mamíferos. "El primer ataque al final resultó ser de un perro. El segundo podría serlo también, según los testimonios de los vecinos. Y en el tercero, la historia tiene tantas contradicciones que nadie la cree", enumera. "Y aunque estos ataques fueran verdad, no tendrían peso si se comparan con las 250.000 personas mordidas cada año por un perro doméstico en Reino Unido, 6.000 de las cuales son hospitalizadas", asegura.

En realidad, son los zorros los que están en peligro, según la RSPCA. Su esperanza de vida en un ámbito urbano no supera los dos años, frente a 14 cuando están en cautiverio, y los coches son los responsables del 60% de las muertes.

El resto lo hacen las enfermedades y las cerca de cien personas autorizadas a matar zorros en Londres.

Sin embargo, imaginar a milicias patrullando las calles para liquidarlos es una leyenda urbana. Hace tres años, un vídeo que mostraba a cuatro hombres enmascarados golpeando a un zorro con un bate de cricket en un parque de Londres soliviantó a la población. Los medios mandaron a enviados especiales al lugar de los hechos y la RSPCA abrió una investigación. Hasta que sus autores, los realizadores Chris Atkins y Johnny Howorth, explicaron que era un vídeo falso destinado a reírse de la histeria sobre el tema.