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La derecha xenófoba formará parte por primera vez de un gobierno en Noruega

La Primera Ministra de Noruega, Erna Solberg / EFE

La Primera Ministra de Noruega, Erna Solberg / EFE

Aunque en Noruega no se califica como xenófobo al Frp, las reacciones en el exterior tras los últimos comicios, motivaron a este partido a impulsar una campaña para rechazar ese apelativo

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El Partido del Progreso negociará desde hoy la formación de un gobierno con el Partido Conservador de la futura primera ministra, Erna Solberg, lo que supondrá el acceso por primera vez al poder de una formación de corte xenófobo en Noruega.

Solberg anunció anoche que cristianodemócratas y liberales, grupos minoritarios del centroderecha, no estarán en el gobierno, aunque apoyan un acuerdo de mínimos que asegura su estabilidad.

La influencia del Partido del Progreso (Frp, por sus siglas en noruego) supondrá una línea más dura en inmigración, en reagrupación familiar y acceso a la ciudadanía, tomando el ejemplo de Dinamarca, que la líder de aquel partido, Siv Jensen, tantas veces ha elogiado.

El Partido Popular Danés, la formación de corte xenófobo más influyente en Escandinavia en las últimas décadas, impuso una férrea línea en inmigración a cambio de garantizar la mayoría absoluta de liberales y conservadores durante una década (2001-2011).

Jensen tendrá que aceptar no obstante una amnistía a los niños de familias solicitantes de asilo que han residido años en Noruega: una concesión a los cristianodemócratas para asegurar su fidelidad.

La llegada al gobierno del Frp culmina un viaje iniciado en 1973, cuando fue creado como partido protesta contra los altos impuestos y la intervención del Estado en la economía, inspirado en la formación de igual nombre surgida en Dinamarca.

Pero no fue hasta mediados de la década de 1980, bajo la dirección de Carl I. Hagen -su líder de 1978 a 2006 -, que pasó de ser un partido minoritario a una fuerza de peso en la política noruega, gracias a acentuar su línea antiinmigración.

En las elecciones municipales de 1987, triplicó sus votos hasta el 12%, gracias al efecto de "la carta de Mustafá" -que luego se reveló falsa-, un supuesto inmigrante musulmán que amenazaba con que Noruega acabaría siendo un estado islámico un día.

Hagen esgrimió en público la carta para alertar del peligro de la islamización de Noruega, y a partir de entonces, la inmigración se convirtió en un asunto central en la política del partido, que en tres ocasiones (1997, 2005 y 2009) ha sido la segunda fuerza más votada.

Aunque apoyó desde fuera gobiernos de centroderecha, el Frp permanecía lejos del poder por sus diferencias con otros partidos, aunque influyó indirectamente la política inmigratoria noruega.

El agónico segundo triunfo seguido del bloque "rojiverde" del laborista Jens Stoltenberg en 2009 frente a una oposición desunida, que aun así obtuvo más votos pero perdió por tres escaños, abrió las puertas a un pacto entre conservadores y la derecha xenófoba, pese a las reticencias de cristianodemócratas y liberales.

Los conservadores asumieron que no habría cambio de poder sin contar con el Frp, que en los últimos años ha reiterado que no apoyaría ningún gobierno del que no formase parte y sabedor de que solo accedería al poder como socio minoritario.

Con el Partido Conservador de vuelta a niveles de apoyo normales (26%) en los últimos comicios, el Frp tenía abierto el camino pese a bajar seis puntos (16,3%) y perder 12 escaños con respecto a 2009, ya que el resto del centroderecha no gozaba de mayoría absoluta.

Aunque en Noruega no se califica como xenófobo al Frp, las reacciones en el exterior tras los últimos comicios, motivaron a este partido a impulsar una campaña para rechazar ese apelativo y distanciarse de otras formaciones parecidas en Europa.

Pero sus esfuerzos quedaron lastrados cuando un peso pesado, el diputado y líder en Oslo Christian Tybring-Gjedde, recuperó una expresión usada años antes por la presidenta del partido, Siv Jensen, para denunciar que Noruega sufre una islamización "a hurtadillas" y que la inmigración amenaza la cultura de este país.

Esa línea ideológica mantienen puntos en común con las ideas del ultraderechista Anders Behring Breivik, autor de los atentados de julio de 2011 en Noruega, en los que murieron 77 personas, y que militó en su juventud en el Frp, pero que lo abandonó por moderado.

Breivik quiso castigar al poder, personificado en el laborismo, al que acusaba de fomentar el multiculturalismo y amenazar la existencia del pueblo y la cultura noruegos.