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Los últimos héroes de Crimea

Los irreductibles tripulantes del dragaminas "Cherkassy" se encuentra desde hace tres semanas bloqueado en el lago Donuzlav

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Los irreductibles tripulantes del dragaminas "Cherkassy" son los últimos marineros ucranianos que se resisten contra viento y marea a arriar la bandera ucraniana y rendirse a las tropas rusas en Crimea.

"La moral de la tripulación es alta. Todos están dispuestos a repeler un ataque. ¡Gloria a Ucrania!", aseguró Alexandr Gutnik, marinero mayor del buque, al diario digital "Ukraínskaya Pravda".

El "Cherkassy" se encuentra desde hace tres semanas bloqueado en el lago Donuzlav, de donde no puede salir a mar abierto ya que los rusos han hundido dos embarcaciones con el objetivo de cerrar a cal y canto su vía de escape.

"Por tercer día, el barco navega por el lago sin fondear, ya que, según el comandante, sólo así podremos evitar un abordaje por parte de los militares rusos", añadió el marinero.

El dragaminas ha sufrido ya varios intento de asalto, que pudo evitar gracias a hábiles maniobras de evasión, como cuando sus tripulantes tiraron por la borda paquetes explosivos, lo que mantuvo a raya a las lanchas de las fuerzas prorrusas.

En otra ocasión, los tripulantes recurrieron a mangueras de agua, artimaña que tomó desprevenidos a los atacantes, que tuvieron que batirse en retirada.

"Hemos recibido amenazas del uso de la fuerza bruta por parte de los agresores rusos en caso de que los tripulantes decidamos ofrecer resistencia", aseguró el marinero.

En estos momentos, la tripulación incluye a 61 personas, ya que tres hombres se subieron al barco después de que su buque fuera apresado por la flota rusa.

Los inquilinos de este "Álamo flotante" pudieron ver a distancia cómo el lunes era apresado en el mismo lago el buque de desembarco "Konstantín Olshanski", que también se había negado con todas sus fuerzas a caer en manos de la Flota rusa del mar Negro.

Más de 200 comandos rusos abordaron el barco, donde únicamente permanecían ya 21 tripulantes, que lograron en el último momento inutilizar las turbinas con cemento.

"En el lago se encuentra siempre un barco de pesca en el que seguramente hay un destacamento de asalto y una lancha motora", apuntó Gutnik.

El domingo, el buque intentó romper en vano su bloqueo entre las dos embarcaciones hundidas por los rusos, que dejan un estrecho pasillo de unos 12 metros, cuando la anchura oficial del buque es de 10 metros.

Botado en 1977, el dragaminas tiene 61 metros de eslora y está equipado con cañones, piezas de artillería antiaérea y ametralladoras.

"Nos hubiera gustado escabullirnos, pero lo seguiremos intentando. Veremos si nos dejan", aseguró Alexandr, otro de los marineros, en conversación telefónica con medios digitales ucranianos.

"No queremos avergonzar ni a la Historia ni a la tripulación del 'Cherkassy'. Los que estaban en contra de resistir ya abandonaron el barco anteayer. El resto seguimos aquí con ánimo patriótico", añadió.

En su opinión, les quedan tres opciones: romper el bloqueo, sufrir el asalto ruso o que se les acaben las reservas de agua, que estima en 10 toneladas, cantidad que les permitirá resistir no más de una semana.

Con todo, los marineros seguirán intentando romper el bloqueo con el fin de dirigirse al puerto de Odessa, donde se encuentra atracada la flota ucraniana.

En las imágenes reproducidas por "Ukraínskaya Pravda" se ve a una veintena de tripulantes posando en la cubierta del "Cherkassy" vestidos con las clásicas camisetas a rayas de la marinería de esta zona del mundo.

Ante la falta de suministros, los últimos del "Cherkassy" tienen que conformarse con cocinar los "varéniki" (raviolis de masa rellenos con carne, requesón y frutos silvestres).

En la orilla del lago, algunos crimeos de origen ucraniano opuestos a la reunificación con Rusia animan a los marineros entonando el himno de Ucrania.

En Kiev, son vistos como auténticos héroes, aunque ellos comentan que únicamente cumplen con el juramento de lealtad a su país.

Los familiares de los marineros están preocupados por la suerte del "Cherkassy", culpan a las autoridades ucranianas de desentenderse del destino de los últimos militares de Crimea leales a Kiev y temen que su obstinación desemboque en un derramamiento de sangre.

Poco importa que el presidente de Ucrania, Alexandr Turchínov, ordenara el lunes el repliegue de todas las unidades militares emplazadas en la península, que la pasada semana entró a formar parte de Rusia: el "Cherkassy" no está dispuesto a arriar la bandera ucraniana e izar la tricolor rusa.