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¿Por qué están tristes los mariachis de Los Ángeles?

Los mariachis en Los Angeles, California | AFP

Los mariachis en Los Angeles, California | AFP

La histórica plaza en la que se reúnen desde hace más de medio siglo para buscar clientes puede convertirse en un centro comercial que destruirá su principal fuente de ingresos

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Los mariachis de Los Ángeles andan tristes y angustiados estos días. La histórica plaza en la que se reúnen desde hace más de medio siglo para buscar clientes puede convertirse en un centro comercial que destruirá su principal fuente de ingresos.

"¿De qué vamos a vivir?", se preguntan.

Un grupo de inversores le ha echado el ojo a la Plaza del Mariachi, una pequeña explanada situada al este de la ciudad y presidida por una imponente estatua de Lucha Reyes, una de las reinas de las rancheras, donde la música tradicional mexicana no deja de sonar.

El proyecto inmobiliario prevé cubrir la plaza para construir más tiendas y edificar un aparcamiento de entre seis y ocho plantas que dé cabida a unos 500 vehículos.

"Nosotros obviamente no nos oponemos a la urbanización, tiene que haber mejorías. (Pero) la incógnita y la preocupación de todos los centenares de mariachis que nos juntamos aquí es si vamos a permanecer en este lugar" después de las obras, cuenta a la AFP Arturo Ramírez, presidente de la Organización de Mariachis Unidos de Los Ángeles (OMULA).

Abandonar este lugar obligaría a los músicos a comenzar de cero en otro emplazamiento y recomponer su fundamental red de contactos.

El metro, arma de doble filo

Los mariachis comenzaron a congregarse en esta plaza antes de la década de 1950. Entonces era de tierra y en ella se vendían lonas. Ahora está asfaltada y cuenta con un quiosco en medio para que los más entusiastas disfruten de la música.

Entre 4.000 y 5.000 familias de varios condados se "benefician actualmente de esta plaza", según cifras del presidente sindical de la OMULA.

"¡Mariachi a la orden!", se oye desde una de las esquinas, mientras un grupo vestido con los típicos trajes de charro va calentando la voz y los instrumentos.

"Este es el lugar que nos da la vida, de aquí sale para comer", subraya Ramón Molina, con 34 años de mariachi a sus espaldas. "Si construyen aquí, pues sí que nos van a perjudicar", reconoce.

Pero desde hace varios años, el barrio que acoge esta plaza, Boyle Heights -donde la mayoría de los vecinos son mexicanos-, está en plena expansión: proliferan los negocios nuevos y los terrenos están siendo recalificados, explican los músicos.

Parte de la culpa la tiene el metro, que llegó a esta zona en 2009 y dedicó el nombre de la estación a los mariachis.

"Impulsó de forma clave su crecimiento", cuenta a la AFP Catherine Kurland, autora del libro "Hotel Mariachi: Urban Space and Cultural Landscape in Los Angeles".

"No entiendo cómo (las autoridades locales) se pueden plantear un proyecto que amenaza a cientos de mariachis y que significa tanto para la ciudad", señala.

La escritora sugiere que la idea urbanística viene del hospital White Memorial, situado a una manzana de la plaza. "Quieren abrir un centro comercial y un gimnasio" para médicos y visitantes.

El metro de Los Ángeles, propietario de los terrenos donde se levanta la explanada, ha reconocido de momento que su plan no ha sido bien recibido.

"La percepción es que la propuesta está totalmente amañada y que no hay margen de maniobra, pero se trata de un enorme malentendido", llegó a afirmar al diario Los Angeles Times la responsable adjunta de planificación y desarrollo del metro, Jenna Hornostock.

"Que nos respeten"

Los mariachis han mantenido hasta ahora dos reuniones con la dirección del metro, que todavía no tomado una decisión final sobre el plan, y están preparando un tercero para principios de año.

Pero si ambas partes no llegan a un acuerdo, los músicos barajan ya distintas opciones para "detener" las obras.

"La plaza tiene más de 50 años, creo que algún derecho debemos tener", explica Jesús Góngora, un joven músico que no reprime su malestar. "¡Que nos respeten el espacio!".

El veterano Toni Ortega también lo tiene claro. El centro comercial pondrá en jaque uno de los pilares de su oficio, "estar parado en la esquina buscando clientes".

"De esto mantenemos a nuestras familias sin hacerle daño a nadie. Nuestro propósito nomás es hacer feliz a las personas", reclama tocando su guitarrón.