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A ritmo de tambores celebran el solsticio de verano en Guadalajara

Unas 1.500 personas de diversas creencias festejaron, en el centro histórico de Guadalajara (occidente de México), el solsticio de verano que se celebra en diversas partes del mundo / EFE

Unas 1.500 personas de diversas creencias festejaron, en el centro histórico de Guadalajara (occidente de México), el solsticio de verano que se celebra en diversas partes del mundo / EFE

El estruendo de un millar de tambores y decenas de instrumentos prehispánicos marcaba el ritmo de la ceremonia, que reunió a personas de varios estados de México y de diversas culturas indígenas

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Con una ceremonia en la que reinaron el retumbar de tambores y el colorido, unas 1.500 personas de diversas creencias festejaron hoy, en el centro histórico de Guadalajara (occidente de México), el solsticio de verano que se celebra en diversas partes del mundo.

Para llegar a la explanada del Instituto Cabañas de esta ciudad los asistentes y curiosos cruzaban un umbral formado por humo de copal, una resina que según las culturas indígenas mexicanas sirve como purificador.

El estruendo de un millar de tambores y decenas de instrumentos prehispánicos marcaba el ritmo de la ceremonia, que reunió a personas de varios estados de México y de diversas culturas indígenas, e incluso a seguidores del movimiento Hare Krishna.

"El solsticio es una época que tiene que ver con cambios energéticos y quisimos invitar a personas de diferentes creencias para unirnos a través del tambor, que es un elemento presente en casi todas las culturas, como una forma de representar la unificación de la humanidad", dijo Citlali Reyes, de Casa Lahak, una de las agrupaciones que organizaron la ceremonia.

Vestidos de blanco y rojo para conseguir paz interior, según sus creencias, los participantes formaron un círculo semejante a una mandala, símbolo hinduísta y budista que representa al Universo, marcada con los cuatro puntos cardinales y los elementos tierra, fuego, agua y aire.

Alrededor de los participantes el círculo estaba adornado con pétalos de flores, hierbas aromáticas y agua que "les servían para lograr la armonía", según los organizadores.

Al atardecer un grupo de personas hicieron sonar los caracoles, uno de los elementos más importantes de las ceremonias prehispánicas, cuyo sonido dio paso al ritual del encendido del fuego sagrado, frecuentemente utilizado en el solsticio del verano.

Durante seis horas ese espacio fue el escenario de rítmicos bailes y cantos que eran alternados por oraciones y bendiciones a la madre tierra.

Esta es la segunda ocasión en que Guadalajara es sede de esta ceremonia, que de acuerdo con los organizadores busca conectar a la humanidad con su espiritualidad.