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Las redes sociales son la principal fuente de información en la guerra contra las drogas

Red social Twitter / EFE

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Un estudio, elaborado por un equipo de analistas de Microsoft.com, encabezado por el investigador mexicano Andrés Monroy Hernández, siguió durante varios meses la actividad de los tuiteros en Monterrey, Reynosa, Saltillo (norte) y Veracruz (este), todas ciudades fuertemente afectadas por el tráfico de drogas

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Un nuevo tipo de corresponsales de guerra ha surgido en localidades mexicanas afectadas por la violencia del narcotráfico, en las que la prensa ha sido silenciada y los frustrados ciudadanos utilizan las redes sociales para informar y protegerse.

“¡Se están matando bien gacho! (feo) Balacera zona sur Lázaro Cárdenas (…) eviten la zona”, es uno de los mensajes enviados por tuiteros en Monterrey (norte), una ciudad atrapada entre la cruenta lucha de los carteles Los zetas y del Golfo.

Un estudio, elaborado por un equipo de analistas de Microsoft.com, encabezado por el investigador mexicano Andrés Monroy Hernández, siguió durante varios meses la actividad de los tuiteros en Monterrey, Reynosa, Saltillo (norte) y Veracruz (este), todas ciudades fuertemente afectadas por el tráfico de drogas.

“Detonaciones”, “balazo” y “balaceras”, son algunas de las palabras más utilizadas en los mensajes, según este análisis, titulado “Los nuevos corresponsales de guerra: el ascenso de los administradores de redes sociales en la guerra urbana”.

La investigación concluyó que el día con mayor actividad tuitera fue el 25 de agosto de 2011, cuando un incendio en el Casino Royale de Monterrey, provocado por integrantes de Los Zetas, dejó 52 muertos.Las imágenes del ataque y los nombres de las víctimas se replicaron más de 7.000 veces en los contenidos de los mensajes compartidos ese día en esa ciudad, a 950 km de la capital y considerada un polo económico del norte del país.

Aunque en México sólo el 34,9% de la población tiene acceso a internet, y de ese universo un 20% tuitea a diario, en esas ciudades del norte y este del país “el número de retuits es el doble” de los que se generan en una ciudad estadounidense como Seattle (Washington, noroeste), dijo a la AFP Monroy Hernández, miembro de la Sociedad de la Información Berkman de la Universidad de Harvard.

“Una mordaza terriblemente delicada”

El equipo de investigadores encontró que unos seis o siete “administradores” de cuentas tenían miles de seguidores y dedicaban jornadas de hasta 15 horas diarias en recibir y difundir reportes públicos sobre hechos violentos.

“Tienen mucha visibilidad en las ciudades pero tratan de mantenerse anónimos” para no ser identificados por los integrantes del crimen organizado, señaló Monroy Hernández, quien los entrevistó y supo que la mayoría de ellos se dedican a esto por motivos altruistas.

“Es como si yo fuera un nuevo corresponsal en las redes sociales de la guerra urbana que estamos viviendo”, dijo una de estas administradoras, que se identifica como Claudia.

Esto es el resultado de “la claudicación a la función informativa del sistema de prensa, que por obvias presiones, por falta de protección a periodistas y por la peligrosidad del narco, han impuesto una mordaza terriblemente delicada”, dijo de su lado a la AFP, Octavio Islas, director de Comunicación Digital Estratégica del privado Instituto Tecnológico de Monterrey.

La violencia que azota a varias regiones de México por la lucha en la que están involucrados los carteles y el ejército dejó entre 2006 y 2012 más de 70.000 muertos.

En el país también fueron asesinados 86 periodistas y 18 se encuentran desaparecidos desde el año 2000, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Tuiteros y blogueros en peligro

El cuerpo decapitado de una mujer de 39 años y madre de dos hijos fue abandonado en septiembre de 2011 en Nuevo Laredo, una ciudad del norte de México fronteriza con Estados Unidos. Junto al cadáver sus victimarios dejaron un teclado de computadora y un mensaje que decía que fue asesinada por informar en las redes sociales sobre actividades del crimen organizado.

Días antes, un hombre y una mujer habían aparecido colgados por la misma razón en un puente también en Nuevo Laredo.

“Dos de las personas que regularmente nos enviaban información fueron ejecutadas”, dijo a la AFP, vía entrevista electrónica, la administradora del Blog de Narco, quien se hace llamar Lucy y que tuvo que huir a España luego de la desaparición de su compañero, encargado del mantenimiento y la seguridad del sitio.

Con historias exclusivas, el Blog de Narco se convirtió en referencia para muchos ciudadanos que buscaban estar más informados. Pero también generó polémica por la crudeza de algunos de los videos y fotografías que publicaba, en los que se podía ver con lujo de detalle como ejecutaban y hasta decapitaban a personas.Lucy dice que el sitio era únicamente manejado por ella y que estaba abierto a todo tipo de “informantes”, como periodistas, policías, militares, taxistas, amas de casa y hasta integrantes del crimen organizado, que proporcionaban datos, fotos y videos por correo electrónico.

Los datos llegaban de diferentes estados del país y en ocasiones de Estados Unidos y Europa. “Toda la información era comprobada”, indicó Lucy, quien aclaró que los tipos de IP y dispositivos utilizados para subir la información “son secretos”.

Lo mismo aseguró el administrador de Valor por Tamaulipas, una página de Facebook que publica alertas ciudadanas en situaciones de riesgo. Los integrantes del crimen organizado ofrecieron 46.500 dólares por este bloguero que se ha negado a cerrar su sitio.

Pero pese a que blogueros y tuiteros tratan de proteger su identidad, sobre esta nueva especie de corresponsales de guerra persiste el peligro, advirtió un experto de inteligencia gubernamental que pidió el anonimato.

“Como cualquier otra organización (los cárteles) tienen jerarquías y en las esferas altas se hacen asesorar adecuadamente” para acceder a la información que tienen las empresas telefónicas y de internet e investigar las identidades de estos administradores, mientras que el gobierno está atado de manos con una legislación rígida, entre otros impedimentos, dijo.