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La revuelta social continúa en Brasil, menos intensa pero más radical

Protestas en Belo Horizonte, Brasil / AP

Protestas en Belo Horizonte, Brasil / AP

El miércoles, unas 700 personas marcharon por el centro de Rio de Janeiro para exigir la renuncia o un juicio político al impopular gobernador, Sergio Cabral

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La revuelta social que sacudió a Brasil en junio con masivas manifestaciones prosigue a menor escala y liderada por grupos más radicales en Río de Janeiro y Sao Paulo, donde cada protesta termina en violencia.

El miércoles, unas 700 personas marcharon por el centro de Rio de Janeiro para exigir la renuncia o un juicio político al impopular gobernador, Sergio Cabral. La protesta terminó con la invasión del concejo municipal, que fue desalojado por la policía con gases y fuerzas de choque, después de no conseguir mediante una negociación que los manifestantes dejaran el lugar. La noche antes, otra protesta contra el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, fue dispersada por la policía con gases lacrimógenos y balas de goma, después de que los manifestantes atacaran una agencia bancaria y una concesionaria de automóviles. La violencia se desató al final de la manifestación.

Los manifestantes, convocados a través de las redes sociales y entre los cuales figuraban integrantes del grupo anarquista Black Bloc, exigen la desmilitarización de la policía estatal, heredada de la dictadura (1964-1985) y cuyos métodos son cuestionados. Al mismo tiempo, en Goiania (centro oeste), 50 manifestantes enmascarados incendiaron neumáticos, rompieron vidrios de una concesionaria de automóviles y lanzaron piedras contra los coches en una protesta contra el gobernador.

En Belo Horizonte (sureste del país), unas 40 personas 'sin techo' desocuparon la alcaldía, que habían invadido días antes, tras recibir promesas del alcalde sobre futuras viviendas. Una decena de agencias bancarias habían sido destrozadas el viernes de noche en Sao Paulo, en otra protesta.

Y una manifestación el día de la llegada del papa Francisco a Rio degeneró en violencia, cerca de donde el pontífice se reunía con la presidenta brasileño, Dilma Rousseff. La protesta había sido convocada contra el gobernador Cabral y también contra el gasto público que implicó la visita del papa a Rio. Otra protesta fue convocada para el jueves en la 'favela' la Rocinha, donde un albañil de 42 años, Amarildo de Souza, desapareció hace 15 días sin dejar rastro, tras ser interrogado por policías. "¿Dónde está Amarildo?", preguntaban sin cesar los manifestantes este miércoles.

La popularidad de Cabral ha caído al 12%, la más baja para un gobernador en todo el país. El gobernador ha dado marcha atrás en varios de sus proyectos más impopulares, como la demolición de un centro acuático cerca del estadio Maracaná, y ha prometido "movilizar a todo el gobierno" para hallar a Amarildo, pero los manifestantes no ceden. "Es como si hubiera un pequeño foco de incendio que permanece en pie desde las grandes manifestaciones de junio, hasta que surja un nuevo tema capaz de movilizar a la gente de manera masiva", dijo a AFP Michel Misse, experto en violencia de la Universidad Federal de Rio (UFRJ).

En junio, más de un millón de manifestantes se volcaron a las calles para exigir mejores servicios públicos y denunciar el millonario gasto público en estadios para la Copa del Mundo de 2014 y la corrupción de la clase política. "Lo que une a los jóvenes es un rechazo difuso de las políticas convencionales. Pero hoy las protestas son más pequeñas, sobre todo protagonizadas por jóvenes universitarios movilizados en Rio contra Cabral. Piden explicaciones sobre la represión de la policía militar, subordinada a Cabral, y protestan contra su arrogancia desde junio", declaró Misse.

José Augusto Rodrigues, sociólogo y profesor de la Universidad Estatal de Rio (UERJ), destaca una diferencia entre las manifestaciones de junio y las actuales. "Las manifestaciones de hoy son el eco de la insatisfacción de la población hacia los poderes públicos en el país, pero se reducen a sectores radicalizados de la juventud. El espectro social de los manifestantes cambió de junio a julio", dijo.

Para ambos expertos, lo que sucede en Brasil es nuevo y difícil de interpretar. "Este clima de malestar en relación a problemas recurrentes como la corrupción no es nuevo, pero es la expresión pública de todo eso lo que es nuevo y difícil de comprender. Esto se debe al nuevo rol que juegan las redes sociales; nadie ha medido aún la dimensión exacta de esto, no hay un colectivo de líderes organizado", explicó Rodrigues.

Es difícil prever la evolución de las protestas, y su efecto político recién podrá verse en las elecciones generales de octubre de 2014 (presidenciales, gobernadores de 27 estados, renovación de la Cámara de Diputados y de dos tercios del Senado). Entonces "sabremos si tenemos un nuevo movimiento social capaz de influenciar la política o si es una llamarada sin ninguna influencia política", estimó Misse.