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Un pontífice que predica con el ejemplo

El Papa Francisco I se acomoda su ropaje formal luego de ser proclamado como el Santo Padre número 266 /EFE

El Papa Francisco I se acomoda su ropaje formal luego de ser proclamado como el Santo Padre número 266 /EFE

Hijo de un hogar de clase media con cinco hijos, de padre ferroviario y madre ama de casa, el pontífice es conocido por sus hábitos monacales

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Jorge Bergoglio es el primer papa jesuita y americano de la historia. Este sacerdote argentino de hábitos monacales es conocido por no vacilar a la hora de cuestionar al poder político.

Reservado, poco afecto a lo mediático, preocupado por la marginación social, el nuevo Papa, llamado Francisco I, gobernaba con firmeza la arquidiócesis de Buenos Aires y proyecta un pontificado sin sorpresas en los desafíos que la sociedad moderna plantea a la Iglesia como la sexualidad, el divorcio, el aborto o la bioética.

Una de sus biógrafas, Frascesca Ambrogetti, lo describe como una personalidad moderada: “Es absolutamente capaz de hacer la necesaria renovación en la Iglesia sin saltos en el vacío".

De 76 años de edad, es un hombre austero, de marcada espiritualidad y apegado a las tradiciones seculares del catolicismo.

Nació el 17 de diciembre de 1936. Es hijo de un hogar inmigrante de clase media con cinco hijos, de padre ferroviario y madre ama de casa, poco afecto a aceptar invitaciones privadas y poseedor de pensamiento táctico, según los especialistas. Ahora deberá presentar sus credenciales ante más de 12000 millones de católicos.

De aspecto hierático, vive en un apartamento pequeño -rechazó la residencia oficial del arzobispado más confortable para vivir en el segundo piso del edificio de la Curia, al lado de la Catedral-, donde pasa los fines de semana en soledad. "Sobriedad y austeridad es su estilo de vida. Viaja en metro y en autobús. Los viajes a Roma los hace en clase turista", describió Ambrogetti.

Suele guardar para sus escasas apariciones públicas discursos cargados de palabras duras tanto para los políticos como para la ciudadanía, señalando la pobreza masiva, la marginación y la desigualdad social.

Es un reconocido aficionado al fútbol y fan del club San Lorenzo de Almagro.

Bergoglio había sido uno de los cardenales más votados en el Cónclave del 2005 que convirtió a Joseph Ratzinger en Benedicto XVI.

Otras facetas. Llegó al sacerdocio a los 32 años, casi una década después de perder un pulmón por una enfermedad respiratoria y de dejar sus estudios de química.

En menos de cuatro años llegó a liderar la congregación jesuita local, un cargo que ejerció de 1973 a 1979.

Su ascenso coincidió con uno de los períodos más oscuros de Argentina, lo que le deparó fuertes críticas: se le acusa de haberle retirado la protección de su orden religiosa a dos jesuitas que fueron detenidos clandestinamente por la dictadura argentina por hacer tareas sociales en barriadas de extrema pobreza. Ambos párrocos sobrevivieron a un encierro de cinco meses.

Los detractores de esa acusación sostienen que no está probada y que, por el contrario, Bergoglio ayudó a muchos a escapar de las fuerzas armadas durante los años de plomo.

Los políticos en Argentina fueron varias veces blanco de la retórica filosa del sacerdote, a los que ha acusado de no combatir la pobreza y de querer enquistarse en el poder.