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La planta de gas en Argelia relata los horrores del terrorismo

Grupo vinculado con Al Qaeda atacó una central de gas en la provincia de Ilizi, al sureste de Argelia | EFE

Grupo vinculado con Al Qaeda atacó una central de gas en la provincia de Ilizi, al sureste de Argelia | EFE

Las fuerzas especiales argelinas recorren el vasto complejo encontrando decenas de cuerpos, algunos calcinados e irreconocibles, tras el sangriento final de una de las más graves crisis de rehenes en muchos años

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La planta de gas en In Amenas ha estado revelando sus secretos a medida que las fuerzas especiales argelinas recorren el vasto complejo encontrando decenas de cuerpos, algunos calcinados e irreconocibles, tras el sangriento final de una de las más graves crisis de rehenes en muchos años.

Cinco días después de que 40 combatientes jihadistas asaltaron la instalación en el desierto no lejos de la frontera libia y de que Argelia respondiera con una amplia operación militar para matarlos o capturarlos, comienzan a emerger detalles de lo que sucedió en el lugar.

Mientras que algunos rehenes escaparon en las primeras etapas de la crisis, las esperanzas se extinguieron para decenas de otros, trabajadores extranjeros y argelinos, después de que el Ejército decidió acabar con los asaltantes.

Quienes escaparon contaron relatos desgarradores. Un británico contó cómo los atacantes le colocaron explosivos plásticos Semtex hasta el cuello, amarraron sus manos y le mantuvieron la boca cerrada con cinta adhesiva. Otro hombre permaneció oculto debajo de su cama durante día y medio cuando los combatientes jihadistas revisaron el complejo residencial de los trabajadores.

Fuentes argelinas dijeron que los atacantes llegaron desde Libia, pero dos de los combatientes islamistas cuyos cuerpos fueron recuperados parecían ser canadienses.

Trabajadores de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Japón, Rumania, Noruega y Filipinas se incluían entre los muertos o desaparecidos, con la cifra de víctimas fatales entre trabajadores y asaltantes apuntando a 80, y seguía subiendo.

La planta de gas de In Amenas probablemente parecía inexpugnable para muchos de los que allí trabajaban, rodeada por un cerco, a cientos de kilómetros de cualquier lugar y con el Ejército argelino patrullando los caminos del desierto que llevan a la instalación.

Era un espejismo. Libia, gobernada con mano dura durante varias décadas por Muammar Gaddafi y convertida en una feria de armas ahora abierta para la Jihad, se ubica a sólo 80 kilómetros de distancia. En cualquier caso, el enemigo ya estaba probablemente dentro del complejo.

Al menos varios de los guerrilleros islamistas que asaltaron la planta antes del amanecer del miércoles habían conducido por los caminos de contrabandistas a lo largo de la frontera libia justo antes de la medianoche, dijo un funcionario argelino de seguridad, citando evidencia de teléfonos móviles utilizados por los militantes.

Nueve Toyotas

Los militantes llegaron en nueve vehículos Toyota con patente libia y pintadas con los colores de Sonatrach, la compañía argelina de petróleo y gas que tiene participación en la planta, según el diario argelino El Khabar.

La facilidad con la que entraron en el complejo residencial fortificado y la cercana planta de gas natural dejó a los argelinos con pocas dudas respecto a que los hombres armados tenían aliados entre la gente en el lugar.

"Tuvieron cooperación local, estoy seguro, quizás de conductores o guardias de seguridad que ayudaron a los terroristas a entrar en la base", dijo Anis Rahmani, editor del periódico argelino Ennahar y escritor de temas de seguridad que dijo que había sido informado por funcionarios.

Las autoridades argelinas afirmaron que habían descubierto casos antes, donde rebeldes islamistas lograron que sus camaradas fueran contratados por compañías internacionales de energía. Uno de ellos dijo a Reuters que era posible que infiltrados hubieran cooperado en In Amenas.

Trabajadores contratados a nivel local que escaparon del complejo dijeron a Reuters haber visto asaltantes armados desplazarse con confianza por las enormes instalaciones, aparentemente familiarizados con su disposición y bien preparados.

Escaramuza en autobuses

Dos personas, uno británico y el otro argelino, murieron en dos autobuses que se dirigían al aeropuerto. No está claro si ese incidente fue parte de plan que aseguró el acceso de los militantes al complejo. Casi inmediatamente después de la escaramuza en los autobuses, estaban dentro, en al menos tres vehículos.

El primer británico fallecido fue identificado como un veterano de la Guerra del Golfo Pérsico que había estado en la Legión Extranjera francesa y que trabajaba para una compañía de seguridad.

Personas que han trabajado en el sitio afirman que usualmente había un toque de queda por la noche, por lo que no está claro por qué los hombres armados pudieron acercarse tanto antes de ser detenidos. Su aproximación inicial pudo haber comenzado fuera de las carreteras principales.

Los contrabandistas

Las personas que conocen el lugar -operado por la británica BP y Statoil de Noruega junto con la compañía energética estatal de Argelia, Sonatrach- dijeron que un cuartel que alberga a varios cientos de soldados se encuentra a tres kilómetros de distancia, separando el complejo de alojamiento de la planta industrial.

Un ex funcionario del gobierno argelino de alto rango dijo que los guardias parecieron haber sido sorprendidos mientras dormían una siesta: "Tienen todos los tipos de equipamiento, vigilancia detallada, cámaras (...) Quizá fueron tomados en el momento indicado, a las 5 de la mañana".

Pero el ex funcionario también reconoció que los militantes habrían recibido ayuda de la fuerza de trabajo local: "De los 700 argelinos, estoy seguro que encontrarán un par que cooperarán. Siempre pasa".

Operativo militar

Aunque las fuerzas de seguridad buscan imponer control, las huellas en la arena son muchas y las fronteras con media docena de países en el desierto no están marcadas y se puede ganar mucho dinero en actividades ilegales o secuestros de turistas o ingenieros occidentales.

Al Qaeda dice que está combatiendo para crear un califato musulmán que trascienda las fronteras artificiales en la región del Maghreb impuestas por potencias colonizadoras.

Una vez dentro de la instalación de gas, los militantes congregaron a los occidentales. Los cientos de argelinos retenidos estaban menos custodiados. Un trabajador argelino dijo a Reuters que los hombres armados sólo estaban interesados en matar a "cristianos e infieles".

Varios ex rehenes describieron a los atacantes y dijeron que algunos parecían tener acentos libio, egipcio o argelino. Funcionarios dijeron que muchos de los islamistas muertos eran extranjeros.

Argelia dijo a gobiernos occidentales, que expresaron su irritación por la violenta irrupción militar al complejo el jueves, que las tropas reaccionaron solamente porque los militantes estaban tratando de huir junto a los rehenes, posiblemente esperando llegar hasta la frontera con Mali.

Los secuestradores subieron a sus rehenes a una serie de vehículos. Fuerzas especiales respaldadas por helicópteros llegaron al lugar cerca del mediodía, unas 30 horas después de que la planta fuera capturada.

En lo que parece haber sido la parte más letal del asedio, tal como fue descrito por la familia del sobreviviente irlandés Stephen McFaul, las fuerzas argelinas bombardearon la caravana, destruyendo cuatro vehículos llenos de rehenes.

McFaul se encontraba en un quinto autobús que se estrelló. El irlandés logró escapar y cree que todas las personas al interior de los otros vehículos murieron.

McFaul narró cómo los atacantes lo habían convertido en una bomba humana, al colocar explosivos plásticos alrededor de su cuello.

Un sobreviviente británico al ataque, Garry Barlow, llamó a su esposa desde el interior de la planta de gas y le dijo: "Estoy en mi escritorio con explosivos adosados a mi pecho".

En el transcurso del jueves, buena parte de los cientos de personas retenidas en el complejo lograron escapar, algunas de ellas occidentales que se hicieron pasar por argelinos.

"Cortamos los alambres con clípers y huimos, todos juntos, unos 50 de nosotros junto a tres extranjeros", dijo un hombre que fue citado por el diario Times.

Para el viernes por la noche, todavía no estaba claro cuántos de los militantes y los rehenes estaban en la instalación, aunque ambos grupos se contaban por decenas.