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El plan de "paz" de las favelas de Río cumple 5 años pese al desgaste

En su colección titulada 'Pacificación (en proceso)', Fabrés retrata la puesta en marcha del plan del Ejecutivo brasileño de cara al mundial de fútbol del próximo verano y los Juegos Olímpicos de 2016. El fotoperiodista madrileño se adentra en las calles y barrios más humildes del país, donde acompaña a la Unidad de Policía Pacificadora (UPP). En la imagen, una residente en Rocinha (la favela más grande de Río de Janeiro) aparece junto a la palabra 'paz' | Foto: Rafael S. Fabrés

En su colección titulada 'Pacificación (en proceso)', Fabrés retrata la puesta en marcha del plan del Ejecutivo brasileño de cara al mundial de fútbol del próximo verano y los Juegos Olímpicos de 2016. El fotoperiodista madrileño se adentra en las calles y barrios más humildes del país, donde acompaña a la Unidad de Policía Pacificadora (UPP). En la imagen, una residente en Rocinha (la favela más grande de Río de Janeiro) aparece junto a la palabra 'paz' | Foto: Rafael S. Fabrés

Santa Marta, una favela de 6.000 habitantes a los pies del Cristo Redentor, fue la pionera en esta política de seguridad, que implica la expulsión de bandas armadas y que lleva aparejada cuantiosas inversiones públicas

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El plan de "pacificación" de las favelas de Río de Janeiro cumple esta semana cinco años en plena expansión pese a la amenaza de las bandas de narcotraficantes y al desgaste que han supuesto las denuncias de torturas supuestamente cometidas por policías.

Santa Marta, una favela de 6.000 habitantes a los pies del Cristo Redentor, fue la pionera en esta política de seguridad, que implica la expulsión de bandas armadas y que lleva aparejada cuantiosas inversiones públicas.

El 19 de noviembre de 2008, la Policía arrebató a tiros la citada favela a los narcotraficantes que durante décadas se hicieron fuertes en esta barriada de tugurios y recovecos laberínticos, que sube por la escarpada falda de la montaña del Corcovado.

Hasta entonces, la Policía brasileña sólo osaba poner el pie en las favelas en incursiones puntuales y por primera vez decidió instalarse de forma permanente, con cuarteles permanentes conocidos como Unidades de Policía Pacificadora (UPP).

Ahora Santa Marta es considerada el "modelo" de UPP, tanto por el grado de seguridad alcanzado, sin que se hallan registrado homicidios desde su implantación, como por la cantidad de políticas sociales y planes de urbanización que se están ejecutando en ella.

El capitán Jeimison Barbosa, comandante de la UPP de Santa Marta, dijo a Efe que en algunas favelas todavía hay un alto grado de desconfianza a la Policía por parte de los habitantes, sobre todo durante las fases iniciales de su implantación.

"Para que el proyecto tenga éxito, lo más importante es que los habitantes tengan confianza en el trabajo de la Policía. Es lógico que como hubo un poder paralelo (narcotraficantes) por treinta o cincuenta años, haya una resistencia mayor", afirmó el capitán.

Barbosa señaló que la comunidad "comienza a confiar" cuando ve los proyectos sociales y urbanísticos que acompañan a la UPP, entre ellos la mejoría de la red de alcantarillado y de iluminación.

Una de las medidas pensadas para disminuir el rechazo de la población fue la decisión de destacar a las UPP a agentes recién graduados, que recibieron una formación especial para este programa, con lo que se quería mitigar la imagen negativa de la Policía carioca, asociada a la violencia y la corrupción.

Sin embargo, el comportamiento de los nuevos policías ha causado un gran desgaste a la imagen del programa en los últimos meses, después de que se destapasen casos de torturas durante interrogatorios en la UPP de Rocinha, la mayor favela de Río.

El coronel Frederico Caldas, responsable del programa de UPP, pidió disculpas públicamente el pasado día 6 por un caso específico que ha estremecido a la población brasileña, la desaparición del albañil Amarildo de Souza, que se cree que fue torturado y asesinado por policías de la UPP de Rocinha el pasado julio.

"Esto fue un absurdo y es inaceptable que este tipo de comportamiento sea obra de un policía", afirmó el coronel Caldas, en referencia a un caso que ha conducido al arresto de 25 agentes del orden.

En el caso del Santa Marta, los habitantes también se quejan de haber sufrido "abusos de poder" por parte de policías.

"La pacificación tiene altibajos, hay momentos que está bien y momentos que no, como cuando se cambia a los policías y los nuevos vienen con vicios de otras favelas", dijo a Efe el presidente de la Asociación de Vecinos de Santa Marta, Mario Hilario.

El Gobierno de Río ha reconocido que las bandas "intentan atacar" el plan de "pacificación" y presentan resistencia armada en algunas zonas, como el Complexo do Alemão, Rocinha y Cidade de Deus, donde se han registrado tiroteos y hasta asesinatos de policías, aunque las autoridades insisten en que se trata de casos puntuales.

"Cuando la UPP es implantada, el tráfico no deja de existir porque no hay cómo acabar con el tráfico de drogas. Sí se acaba con la ostentación de fusiles y armas de grueso calibre. Los traficantes de droga se adaptan, venden en pequeñas cantidades y se esconden", explicó el capitán Barbosa.

En estos cinco años se han instalado 34 UPP que atienden a 233 favelas y otras seis están previstas hasta diciembre de 2014.

Cuatro de ellas serán instaladas en Maré, conjunto de favelas considerado actualmente como el más peligroso de Río y que está localizado en la vía entre el aeropuerto internacional y el centro.

El miércoles la Policía realizó un operativo allí, previa a la ocupación, en la que arrestó a 26 supuestos narcotraficantes.

Entonces, el secretario de Seguridad de Río, José Mariano Beltrame, reiteró el empeño de las autoridades en proseguir con la "pacificación". "El Estado entró, el territorio es del Estado y no vamos a salir", advirtió.