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Tres osamentas humanas de 1.600 años asombran a los salvadoreños

Restos humanos y utensilios encontrados en Nueva Esperanza, San Salvador, en una foto del 11 de abril de 2014 | AFP

Restos humanos y utensilios encontrados en Nueva Esperanza, San Salvador, en una foto del 11 de abril de 2014 | AFP

Están casi completas y en buen estado de conservación. Podrían corresponder a un niño de entre 7 y 9 años de edad con dos cuentas de barro alrededor del cuello, y a dos adultos de 25 a 35 años

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Tres osamentas humanas de más de 1.600 años, conservadas por estar cubiertas de ceniza de un volcán de El Salvador, fueron presentadas este viernes como uno de los más importantes hallazgos arqueológicos en la historia del país.

Casi completas y en buen estado de conservación, las osamentas podrían corresponder a un niño de entre 7 y 9 años de edad con dos cuentas de barro alrededor del cuello, y a dos adultos de 25 a 35 años, explicó el arqueólogo Óscar Camacho basándose en los estudios preliminares realizados por investigadores salvadoreños y japoneses.

El descubrimiento, producto de investigaciones iniciadas en 2007 por dos estudiantes de la privada Universidad Tecnológica, se produjo en abril pasado en el sitio arqueológico Nueva Esperanza, próximo a la costa del Pacífico, en una zona conocida como El Bajo Lempa, unos 90 km al sureste de San Salvador.

Nueva Esperanza fue cubierto por la ceniza de las gigantescas erupciones del volcán de Ilopango entre los siglos V y VI, bajo la cual se ha conservado evidencia arqueológica de un pueblo costeño prehispánico, posiblemente dedicado a la producción de sal y a la pesca.

El investigador japonés y director del proyecto, Akira Ichikawa, coordinó la excavación en un pozo de cuatro metros de largo por dos de ancho.

"Las osamentas corresponden a una comunidad que pudo haber subsistido de la producción de sal y lo trascendente es que abre una nueva puerta de investigaciones para la arqueología salvadoreña, que se había enfocado únicamente en los centros ceremoniales", declaró Ichikawa a la AFP.

Para el investigador, debajo de la capa de ceniza volcánica de unos dos metros "hay una riqueza arqueológica para conocer la vida cotidiana y la subsistencia de los antiguos pobladores costeños".

- Primeros pobladores de la región -

Los tres entierros estaban acompañados con ofrendas. Los investigadores destacaron que dos de las osamentas se encontraban en posición sentada, con las piernas cruzadas, aspecto registrado en otros sitios arqueológicos como Kaminaljuyú en Guatemala y Teotihuacán en México, que constituyeron centros de poder en la época precolombina.

"Este es el primer hallazgo de esta naturaleza que hemos realizado en los últimos años y permitirá al país conocer más sobre los primeros pobladores de esta región", comentó por su parte el antropólogo y secretario de Cultura de la Presidencia, Ramón Rivas.

En la excavación se descubrieron, entre otros objetos, seis posibles ofrendas (vasijas, cántaros y ollas de barro) de color café oscuro y franjas rojas asociadas a los restos óseos, que estaban colocadas con las aberturas hacia abajo sobre la tierra.

Las osamentas casi completas (en 85%) se encuentran en proceso de limpieza y estudio por parte de la Dirección de Arqueología, ubicada en el Museo Nacional de Antropología de San Salvador.

El ánalisis químico de cada una se realizará a partir de la extracción de una pieza dental y una parte de la costilla para determinar aspectos tales como tipo de alimentación, sexo, edad, enfermedades que padecieron y forma de vida, explicaron los especialistas.

El proyecto en el que se enmarca el hallazgo de los tres entierros prehispánicos cuenta con un equipo multidisciplinario japonés, en el que los análisis químicos están a cargo de Masayo Minami, los estudios de vulcanología, de Shigeru Kitamira y la antropología física, de Wataru Morita.

Para obtener mayor información sobre los "contextos" históricos de la zona se realizará una investigación antropológica sobre la producción de sal, la fabricación de canoas y la vida de los pescadores con miras a conservar sus tradiciones y obtener materiales que contribuyan con el museo comunitario de Nueva Esperanza.