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La narcocultura acabó con la Miss Mundo Honduras

na amiga de María José Alvarado llora sobre el ataúd de la Miss Mundo Honduras/ EFE

Una amiga de María José Alvarado llora sobre el ataúd de la Miss Mundo Honduras/ EFE

La muerte de la joven María José Alvarado se explica por el auge de la droga en Centroamérica, que cada vez atrae a más jóvenes que buscan una salida fácil de la pobreza

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Si María José Alvarado no hubiera sido la Miss Mundo Honduras 2014, su asesinato podría haber sido uno más en las estadísticas de impunidad en este inseguro país centroamericano.

Tampoco habría trascendido a nivel internacional y la Policía local no lo estaría investigando a fondo. Se lavaría las manos al vincularlo con otro ajuste de cuentas entre pandillas o traficantes de drogas, como miles más ocurridos en Honduras, o tal vez como una inocente víctima más de la vida insegura en el país más peligroso del mundo donde no existe un conflicto armado.

Es la opinión de José Luis Mejía, rector de la Universidad Tecnológica del recinto en el Departamento oriental de Santa Bárbara, donde estudiaba María José. El rector vincula su muerte a la narcocultura. Una opinión parecida a la de sus familiares y amigos, quienes lo asocian a una dosis agravada de machismo acentuado por la riqueza y el poder del narcotráfico.

Oficialmente es considerado por las autoridades como un crimen pasional. Las hermanas celebraban el cumpleaños de quien sería su verdugo, Plutarco Ruiz, la noche del 13 de noviembre.

En un taque de celos, Plutarco mató primero a su novia luego de una discusión al verla bailar con otro hombre. También se ensañó con María José, sellando a tiros una historia de dolor familiar que indignó a todo un país y le ha dado la vuelta al mundo.

Ruiz confirmó esta versión cuando fue capturado por la Policía. Luego la cambió ante un medio internacional alegando inocencia.

 

Una vida de lujo

La narcocultura es el ilegal modo de vida llena de muerte y violencia que seduce cada vez más a la juventud hondureña y de otros países.

Las historias de vida de Ruiz y Sofía cumplen con estas características: Plutarco, el hombre malo de la película que se movía con guardaespaldas, carros de lujos, consumiendo drogas y tomando licor, adinerado.

Era un hombre nacido en el municipio San Vicente Centenario, donde se graduó de maestro de educación primaria para después trasladarse a la ciudad de Santa Bárbara, llevando una vida ostentosa.

De no tener nada pasó a ser terrateniente, dueño de propiedades, ganado y vehículos de lujos. Sofía, una guapa joven de origen humilde, a quien no le iba bien en la vida con un matrimonio fracasado.

También era maestra, pero desempleada. Se había casado con un hombre a quien asesinaron en 2013, quien primero tuvo que abandonar a su familia para estar con ella. Hasta que conoció a Plutarco, con quien se enroló en un peligroso mundo que provocó el saldo ya conocido.

 

La gran incógnita

Nada misterioso en este modo de vida implantado por la mafia en Honduras. Lo que muchos se han preguntado es por qué una bella mujer, recién elegida reina de belleza, a punto de concursar en Miss Mundo en Inglaterra, con sueños por cumplir, asistió a aquella fiesta en un sitio donde Plutarco acostumbraba sellar sus ilegales negocios ligados a la mafia. Ir al festejo de un hombre temido en Santa Bárbara, originario de una familia embriagado de poder que acostumbra resolver a tiros las disputas pendientes.

Plutarco había sustituido a su hermano David como el hombre fuerte de la droga en la región, cuenta el teniente coronel de la Policía, Ramón Castillo. A David lo asesinaron a inicios de años producto de su ilegal actividad, según el teniente.

¿Por qué una figura pública habría de asistir a una fiesta de esas? Es la duda que aún ronda en la cabeza de los hondureños. Lo cierto es que la historia ha puesto de nuevo en la palestra pública el debate de la inseguridad en Honduras, el país con la tasa de homicidios más grande del mundo, calculada en 90,4 por cada 100.000 habitantes, cuando la media global es de 6 por cada 100.000 habitantes.

“Honduras tiene la tasa de homicidios dolosos, homicidios con premeditación, más alta del mundo. Las ciudades hondureñas de Tegucigalpa (la capital) y San Pedro Sula, son las más peligrosas del mundo donde no se tiene un conflicto armado”, señala a Diario Las Américas  el sociólogo costarricense, Carlos Sandoval.

“Ni siquiera en Irak, Afganistan y Siria hay una tasa de violencia tan altas como en Honduras y eso que hay guerras”, añade el analista tico Paul Chávez, en un reportaje de televisión.

 

Territorio del narco

Honduras y Centroamérica ganaron protagonismo como corredor de droga hacia Estados Unidos desde que el presidente Bill Clinton firmó con su homólogo colombiano Andrés Pastrana en 1999, el Plan Colombia, en que le permitió a ambos países hacer patrullajes conjuntos en el mar para combatir el narcotráfico.

La droga que pasaba en ese momento por el mar Caribe hacia México, ahora lo hace por suelo de los países de Centroamérica, dejando a su paso violencia en países considerado incluso como pacíficos. Tal es el caso de Costa Rica, que a pesar de no tener los índices de Honduras, El Salvador y Guatemala, las bandas locales ya se pelean a muerte territorios para ejercer su ilegal negocio.