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Los israelíes acuden a unas urnas poco reñidas tras una campaña apática

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu y el alcalde de Jerusalén, Nir Barkat / EFE

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu y el alcalde de Jerusalén, Nir Barkat / EFE

La izquierda se ha centrado en los últimos días en intentar movilizar a sus votantes, ya que considera que aún existen posibilidades de derrotar a Netanyahu si todos sus potenciales electores acuden a los centros de votación

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Israel celebra mañana elecciones con la candidatura de Benjamín Netanyahu como favorita, tras una campaña electoral marcada por la apatía, debido en gran medida a la falta de una alternativa capaz de contrarrestar sus políticas conservadoras.

Precisamente la ausencia de un bloque unificado que pueda hacerle sombra desde el centro-izquierda, ha llevado al 15 por ciento del electorado a permanecer indeciso en vísperas de que deposite su papeleta en las urnas, al considerar los expertos que los militantes de derechas son más disciplinados a la hora de votar.

La izquierda se ha centrado en los últimos días en intentar movilizar a sus votantes, ya que considera que aún existen posibilidades de derrotar a Netanyahu si todos sus potenciales electores, más propensos al abstencionismo, acuden esta vez a las urnas.

A diferencia de anteriores campañas electorales caracterizadas por agresivos eslóganes, articulados programas y el conflicto palestino-israelí como epicentro de los debates, en esta ocasión la opinión pública y los analistas coinciden en señalar el poco o escaso interés del electorado en unos comicios en los que el triunfo de Netanyahu se da por asegurado.

Y eso a pesar del galopante déficit del 4,2 por ciento -más del doble del presupuestado-, del estancamiento en el proceso de paz y el cada vez mayor aislamiento de Israel en la escena internacional, y de que el compañero de cartel de Netanyahu, el exministro de Exteriores Avigdor Lieberman, haya sido imputado por fraude.

En la víspera de que se abran los colegios y con Netanyahu como virtual vencedor, las incógnitas se centran en cuál será la segunda fuerza política: el Laborismo o la ultraderecha; y si dispondrá de apoyos suficientes para gobernar holgadamente sin los consabidos "chantajes" de partidos bisagra ideológicamente distantes.

Las últimas encuestas publicadas antes del fin de semana daban a la lista Likud-Beitenu una horquilla de entre 32 y 35 escaños de los 120 con que cuenta el Parlamento israelí (Kneset) frente a los 42 diputados que cuentan los partidos que integran la lista conjuntamente.

Estos resultados garantizan a Netanyahu un tercer mandato al frente del Ejecutivo en Israel, aunque no exento de pactos ni coaliciones.

La segunda formación en liza es el histórico Partido Laborista, que obtendría, según los sondeos, 16 escaños.

Le sigue muy de cerca la estrella fulgurante de la campaña Habayit Hayehudí (Hogar Judío) con 14, y cuyo carismático dirigente y exasesor de Netanyahu, Naftalí Bennett, ha insuflado algo de aire a la moribunda campaña con su discurso de halcón contrario a las concesiones a los palestinos.

Con todo, el bloque de centro-derecha (conformado por partidos conservadores, nacionalistas y religiosos) cosecharía entre 62 y 71 asientos parlamentarios, según las últimas encuestas.

Estos datos sitúan a Netanyahu en una buena posición de salida para gobernar y con la principal duda de si se codeará con ultraderechistas y ortodoxos o por el contrario virará al centro.

Otra de las sorpresas de estas elecciones la podría dar el recientemente creado partido de centro Yesh Atid, del experiodista Yair Lapid, que centró su campaña en prometer viviendas asequibles a la clase media secular y no descarta sumarse a una coalición encabezada por Netanyahu.

La formación podría arañar hasta 12 escaños, los mismos que el religioso sefardí Shas, considerado hasta ahora el "partido comodín" para integrar cualquier coalición.

La proliferación de partidos de centro en el último tiempo ha conducido por otra parte a la fragmentación del considerado bloque del centro-izquierda, pues finalmente estas formaciones no han sumado fuerzas como les hubiese gustado a un número importante de votantes, para evitar un nuevo gobierno ultra-conservador.

Algo más de cinco millones y medio de israelíes están llamados a votar mañana en diez mil centros de voto, en unos comicios proporcionales con circunscripción única.

El vencedor parece tener ya nombre y apellido, aunque aún está por decidirse qué camiseta vestirá.

Si será la del pragmatismo de tinte secular dispuesto a negociar con los palestinos y facilitar la vida de la clase trabajadora, o la del ultra-nacionalismo religioso y continuar por la senda de la expansión colonial y las prebendas al sector ortodoxo.