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Los "indignados" turcos pasan de la ocupación a la autogestión

Decenas de miles de personas salieron el domingo a las calles de Estambul y otras 67 ciudades y pueblos de Turquía, en el tercer día de protestas contra lo que los manifestantes consideran un creciente autoritarismo | Foto: AP

Decenas de miles de personas salieron el domingo a las calles de Estambul y otras 67 ciudades y pueblos de Turquía, en el tercer día de protestas contra lo que los manifestantes consideran un creciente autoritarismo | Foto: AP

Lo que empezó como unas protestas espontáneas contra un plan urbanístico que pretendía cubrir de cemento una de las escasas zonas verdes del centro de la ciudad del Bósforo parece estar fraguando en un movimiento social sin precedentes en Turquía

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Una biblioteca, un cine, conciertos al aire libre, un dispensario médico y un ambulatorio: los "indignados" turcos que han ocupado el parque Gezi de Estambul para evitar su derribo han comenzado a gestionar varios servicios gratuitos.

Lo que empezó como unas protestas espontáneas contra un plan urbanístico que pretendía cubrir de cemento una de las escasas zonas verdes del centro de la ciudad del Bósforo parece estar fraguando en un movimiento social sin precedentes en Turquía.

El epicentro de la revuelta en Estambul es la plaza Taksim, un lugar de gran simbología en el mundo obrero turco, y que ha quedado aislado del resto de la ciudad con barricadas de coches destruidos, vallas y adoquines.

Dentro de Taksim se encuentra Gezi, habitado por una multitud colorista en un ambiente festivo, la mayoría de ellos jóvenes, pero al que acuden para pasear, curiosear y conocer lo que allí sucede gente de todas las edades, incluso familias enteras.

Los acampados allí dicen no pertenecer a ninguna organización política y usan las redes sociales para coordinarse.

A primera vista se aprecia un especie de "arcoíris" de estudiantes, profesores universitarios, profesionales liberales, intelectuales y activistas.

"Esto es un milagro", explica Kubilay Ece, un neurocirujano de 46 años que atiende un dispensario médico improvisado en el parque.

Su equipo lo forman tres enfermeros y hay una larga lista de voluntarios que ofrecen su servicio de forma gratuita.

Hombres y mujeres de todas las edades hablan con el doctor para que les haga un rápido chequeo, muchos de los pacientes son personas de mediana edad que no han tenido ningún percance por las protestas sino que tienen simplemente alguna duda sobre su salud.

Todo el material del dispensario, incluido una enorme cantidad de medicamentos, los han donado farmacias de Estambul que apoyan las protestas, explica el médico.

"Esto es una esperanza para Turquía, para cambiar lo que se ha hecho en los últimos años. Esta protesta es sobre la libertad, libertad para ir cogidos de la mano por las calles, para que la gente pueda besarse por la calle", explica.

Estas palabras son una censura al gobierno islamista moderado de Recep Tayyip Erdogan, al que los defensores del laicismo consideran que trata de imponer límites religiosos sobre su vida.

Cerca se encuentra una biblioteca popular construida con tablas y ladrillos y con centenares de libros donados.

Un trasiego continuo de gente curiosea entre los volúmenes y se lleva el que más le interesa.

"Un día me puse a montar una estantería con ladrillos y tablas y de repente aparecieron muchas manos para ayudar", cuenta la psicóloga Nebay, quien comenzó esta iniciativa cultural.

"Ordeno alguna cosa, pero todo funciona solo", agrega.

En uno de los fondos del parque existe un gran almacén de comida que se reparte de forma gratuita, y además hay una cocina popular que prepara y distribuye platos calientes.

"Tenemos más comida de la que podemos dar. La gente está trayendo de todo y se está implicando mucho", explica Gizem, una arquitecta de 29 años que despacha alimentos en el almacén.

En el parque también existe un cine improvisado, apenas una sábana y un proyector, mientras que a poca distancia se encuentra una tarima para actuaciones musicales en directo.

Además, se ha montado un ambulatorio en la entrada de una cercana cafetería para atender a los heridos en los violentos enfrentamientos con la policía turca.

"Hace cuatro días no teníamos nada, ahora tenemos de todo, máscaras y bombas de oxigeno incluidas", con el fin de atender a la gente con problemas respiratorios por los gases lacrimógenos, explica Can, un estudiante de medicina de 26 años que fundó este ambulatorio improvisado.

"Todo esto son donaciones de gente que trae las cosas" sin pedir nada a cambio, afirma Can, quien asegura que han atendido a cientos de manifestantes desde el inicio de las protestas.

"Los efectos de los gases, que además creo que tienen una gran concentración tóxica, se dejan sentir también días después, sobre todo en gente con problemas respiratorios como el asma", sostiene.

Can concluye con una reflexión: "Nos llaman saqueadores. Si el Gobierno tuviera razón por qué no emiten en directo a través de la televisión lo que hacemos. La gente no sabe qué está pasando".