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“Venezuela no tiene interés en que haya supervisión internacional”

Roncagliolo afirma que Perú es el país más conservador políticamente de América Latina / AFP

Roncagliolo afirma que Perú es el país más conservador políticamente de América Latina / AFP

Rafael Roncagliolo, ex canciller de Ollanta Humala defiende la decisión del mandatario de no recibir a Henrique Capriles y resta importancia a los ataques que recibió de Nicolás Maduro. “Determinados exabruptos sólo perjudican a quienes los profieren”

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Rafael Roncagliolo fue uno de los pocos ministros del gabinete inicial de Ollanta Humala con experiencia política y orígenes de izquierda. Dejó el cargo a mediados de mayo por una afección cardíaca y tras ser atacado públicamente por Nicolás Maduro por llamar al diálogo en Venezuela. Con reservas, reconoce el momento complejo que atraviesa Humala al cumplir dos años en la presidencia de Perú.

–¿Ha sido difícil para Perú actuar en dos bloques tan distintos como Unasur y la Alianza del Pacífico?

–La clave de la política peruana ha sido servir como punto de convergencia de las distintas posiciones, el hecho de pertenecer a la Alianza del Pacífico y mantener la presidencia de Unasur son complementarios. Participa en la primera para asegurar la presencia en la cuenca del Pacífico y en la segunda porque en el mundo del futuro sólo los bloques podrán tener lugar.

–El presidente Humala no quiso recibir a Henrique Capriles cuando vino a Lima a pedir que se respetara un compromiso que hicieron los presidentes de Unasur en abril.

–Lo de Capriles me parece un tema secundario. Los países tenemos que sujetarnos a lo que digan los organismos electorales de cada país y Unasur hizo un llamado al dialogo y la tolerancia.

–Pero también hubo un compromiso de investigar la violencia y saludaron un anuncio de auditoría que luego no se concretó.

–Ahora bien: ¿hasta dónde puede llegar la comunidad internacional? Hasta donde los actores nacionales lo piden.

–¿Lo piden o lo permiten?

–Lo piden. La comunidad internacional no puede imponerse. En este momento, por parte de Venezuela no hay interés en que haya un tipo de supervisión internacional. Tampoco creo que los presidentes deban dedicarse a intercambiar insultos y agravios en público como ocurrió en el pasado. No hay que dividir la región entre los países buenos y malos. Recibir a Capriles podría haber parecido que pertenecemos a un bloque al que no pertenecemos.

–El presidente Maduro lo atacó verbalmente, pero no hubo una reacción pública del Gobierno para solidarizarse con usted.

–Repito que no estoy de acuerdo con esta política del pasado de que los presidentes entren en una escalada de declaraciones. Determinados exabruptos sólo perjudican a quienes los profieren y no requieren respuesta.

–¿Aceptó ser canciller por alguna promesa puntual de Humala?

–Sí. Iba a hacer un Gobierno de concertación. Yo vengo del Acuerdo Nacional y también creo en la concertación latinoamericana. El segundo punto fue el mensaje del presidente Humala de crecimiento con inclusión.

–Pero la pluralidad que hubo al inicio del Gobierno se perdió. Prescindieron de ministros más progresistas.

–Yo entré a un gabinete en el que tenía grandes amigos y permanecí porque pienso que la línea de política exterior se mantuvo. No me gustaría opinar sobre los otros cambios. Mantengo un gran respeto por el Presidente.

–¿Entonces esas salidas no le parecen un cambio en el aspecto de concertación?

–Todos los fenómenos políticos son complejos y en esas salidas hubo muchos aspectos. Uno es que había muchas contradicciones entre los ministros. El segundo gabinete fue un poco menos dialogante y el actual me parece que está recuperando la perspectiva de diálogo.

–A este tercer gabinete se le critica por su poca visibilidad y resultados, y ello ha coincidido con evidencias de la capacidad de decisión de la primera dama.

–No voy a entrar a juzgar a mis antiguos colegas de gabinete ni a la primera dama. Hay una cosa que quisiera agregar de mi sector: tenemos pendiente de aprobación en el Congreso el proyecto de Boliviamar. También está pendiente el llamado "incidente de la mortadela" con Ecuador, porque la vocación de integración no es sólo con Chile. No se han vuelto a nombrar a los embajadores de Perú en Quito y Ecuador en Lima.

–También ha habido denuncias por la falta de transparencia en aspectos de seguridad y defensa.

–El Gobierno ha tratado de mantener la mayor transparencia en esos aspectos, salvo en lo que se refiere a la lucha antiterrorista, donde es necesario un cierto nivel de opacidad por razones obvias.

–Hace semanas que hay protestas contra el Gobierno. Empezaron los empleados públicos a quienes no se consultó sobre una ley que los afecta y los universitarios, por otra ley. ¿El pragmatismo lleva al Presidente a avanzar sin consultar?

–Todo Gobierno tiene un dilema inevitable: la necesidad de consultar contra la de avanzar. Ambas leyes podían someterse a una mayor consulta, pero la estructura del Estado peruano es una en que los poderes formales son muy débiles frente a los poderes fácticos. El Congreso en particular tiene un nivel de crítica y desprestigio por el que la gente no se siente representada, lo cual es una anomalía. Pero la ley de consulta previa a los pueblos indígenas me parece una de las cosas más importantes del Gobierno y espero que la lista de los pueblos se pueda resolver para que se aplique.

–Las democracias en América Latina parecen no cuajar. Cada vez hay más protestas.

–Cada vez hay más democracia. Norberto Bobbio decía que la autocracia es estática y la democracia es dinámica. Hoy, la inmensa mayoría de países tiene gobiernos elegidos. Lo que tenemos ahora son peticiones de democracia con más calidad, acceso a servicios, como los reclamos en Brasil y Chile. En Bolivia, la incorporación de los indígenas a las instancias de Gobierno es una gran gesta democrática.

–En Perú, pese a la salud de la macroeconomía, el tejido social y político es frágil y tiene un sistema político poco calificado, no institucionalizado.

–Le voy a decir una cosa bien dura. Perú es el país más conservador de América Latina. Hay un sentido común producto de la historia, de los medios de comunicación, de la clase política que tiene como referencia la cultura política del siglo XIX y no la del siglo XXI. Se discuten cosas que en otros países no se discuten. En Perú hablar de empresas estatales les parece una cosa diabólica. La forma como se ataca políticamente, como se organizan los partidos, hace que sea el más conservador políticamente. Muchos otros países están ahora en la modernidad y nosotros seguimos atados a una mentalidad anacrónica.

–¿En qué otros rubros?

–Reconocimiento de derechos de minorías, derechos sexuales. Somos un país muy atrasado.

–Y comparados con Ecuador y Bolivia, lo indígena no existe.

–Sí: ellos son países mucho más modernos que Perú.