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La guerra civil en Siria pone a prueba la nueva política exterior turca

Protestas contra el ataque militar turco

Protestas contra el ataque militar turco

En la década de gobierno del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, el país eurasiático ha pasado a ojos de los observadores por diferentes etapas de percepción

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La sangrienta guerra civil en Siria y la creciente tensión militar con ese vecino árabe pone a prueba la nueva política exterior turca, que ha buscado cotas de independencia frente a las posiciones de su aliados occidentales en Oriente Medio.

En la década de gobierno del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, el país eurasiático ha pasado a ojos de los observadores por diferentes etapas de percepción.

Cuando su Partido de Justicia y Desarrollo (AKP) llegó al poder en 2002, tras la dura crisis económica del año anterior, existió gran escepticismo acerca de Erdogan y sus ideas islamistas.

Los analistas nacionales e internacionales no sabían bien si aquí llegaba al poder un grupo con una oculta agenda para transformar para siempre la república laica en una sociedad islamista.

Pero Erdogan logró rápidamente disipar estas dudas, especialmente en Occidente y la Unión Europea (UE), al implementar reformas de libre mercado y proeuropeas, asegurando al mismo tiempo que no se iba a cambiar el estilo de vida de los 70 millones de turcos.

Así, Turquía se convirtió para el mundo musulmán en un modelo de Estado islámico democrático a seguir, con 24 trimestres consecutivos de crecimiento económico a tasas similares a las de China.

En medio de esta ola de éxito, Erdogan y su poderoso ministro de Exteriores, Ahmet Davutoglu, lanzaron la política de "cero problemas con los vecinos", incluyendo países considerados por Occidente como "problemáticos" como Irán y Siria.

A pesar de las dudas en numerosas capitales occidentales, esa estrategia tuvo éxitos al principio, convirtiendo a Turquía en una potencia regional de peso, con una política exterior más atrevida, más independiente de Occidente y más segura de sí misma.

Así, Ankara no dudó en enfrentarse a Israel, su histórico aliado occidental en Oriente Medio, tras el asalto sangriento de la llamada "Flotilla de la Libertad para Gaza" en mayo de 2010.

Al mismo tiempo, Turquía trató de mediar, junto con Brasil, en el conflicto nuclear de Irán, país que Erdogan visitó en 2009, aunque esos intentos no dieron frutos ante la reacción negativa de Occidente.

Pero la primavera árabe con sus revueltas populares, primero en Libia y Egipto, pero ahora especialmente con Siria, ha puesto en duda la posición turca, cuyo Gobierno solía celebrar consejos de ministros conjuntos con el Ejecutivo sirio.

Los recelos iniciales del primer ministro turco a una intervención de la OTAN en Libia y sus advertencias sobre designios "imperialistas" allí despertó el malestar en muchas cancillerías occidentales.

Muchos analistas críticos con Erdogan califican la posición turca como "un fiasco" y una "aventurera".

En el reciente congreso del AKP, el pasado 30 de septiembre, el primer ministro habló a los delegados durante más de dos horas pero en ningún momento mencionó a Estados Unidos o la OTAN, los grandes aliados occidentales del país.

Pero cuando sucede algo grave, como el reciente ataque sirio contra territorio turco, el primer lugar al que mira Turquía es precisamente a EE. UU. y la OTAN, donde su independencia en política exterior ha causado algunas suspicacias.

Y debido a su escalada de tensión con Siria, con el visto bueno del Parlamento para que el Ejército turco pueda intervenir militarmente en suelo vecino, Turquía tiene ahora problemas con Rusia e Irán, los dos grandes protectores del régimen sirio.

Ante este creciente aislamiento, al que se agregan tensiones con otros vecinos como Armenia e Irak, los críticos acusan ahora a la política exterior de Davutoglu de ser "otomanista" e "islamista".

Para "Milliyet", el gran diario de referencia turco, la amenaza de invadir Siria sin una estrategia de retorno "no solo significa una aventura sino también el suicidio".

Así, Turquía corre peligro de que pasar de una política de "cero problemas con los vecinos" a no tener ningún vecino amigo.

Incluso el presidente turco, el también islamista moderado Abdullah Gül, dijo esta semana que las muestras de agresividad y poder no son buenas para el país.

"Tenemos que mantener el principio de mutuo beneficio y amistad en nuestras relaciones con los vecinos", manifestó el presidente en un discurso ante el Parlamento el lunes.