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Diez años de cárcel a empresario por vender falsos detectores de explosivos

Con una gran parafernalia de mercadotecnia, se los ofrecía a Ejércitos, cuerpos de policía y gobiernos de todo el mundo

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El empresario británico James McCormick fue condenado por un tribunal londinense a diez años de cárcel por vender a países como Irak y Bélgica, además de a las Naciones Unidas, falsos detectores de explosivos.

El jurado del tribunal penal londinense de Old Bailey ya había considerado el 23 de abril que McCormick, de 56 años, era culpable de haber comercializado el aparato sabiendo que no funcionaba y obtuvo un beneficio de 50 millones de libras (60 millones de euros).

El dictar la sentencia, juez Richard Hone indicó que "la conducta fraudulenta de vender tantos aparatos inservibles, simplemente para lograr un enorme beneficio, generó un sentido falso de seguridad y con toda probabilidad contribuyó materialmente a ocasionar la muerte y a herir a individuos inocentes".

A lo largo del proceso judicial se supo que el empresario, natural de Somerset (oeste de Inglaterra), vendió tres modelos del supuesto detector de explosivos, cuyo diseño basó en un máquina estadounidense de 13 dólares (10 euros) para encontrar pelotas de golf.

McCormick, un antiguo policía y comercial, vendió algunos de estos detectores -denominados Equipo de selección avanzada o ASE (por sus siglas en inglés)- por hasta 27.000 libras (31.000 euros).

Con una gran parafernalia de mercadotecnia, se los ofrecía a Ejércitos, cuerpos de policía y gobiernos de todo el mundo, entre otros los de Kenia, Níger y Georgia.

Los tres modelos, cada uno equipado con una tarjeta con sensores, servían supuestamente para detectar explosivos, drogas, líquidos y personas desde aviones, debajo del agua (hasta 31 metros), bajo tierra (hasta un kilómetro) e incluso a través de muros, según explicó el fiscal Richard Whittam.